La Armada asalta la City

| LUIS VENTOSO |

OPINIÓN

14 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

A MEDIADOS de los noventa, allá por el agitado final de la era González, la revista Time dedicó una portada a « Los nuevos conquistadores españoles» . Un dibujo representaba a los empresarios de España ataviados como soldados de Pizarro, con peto y yelmo, contemplando con mirada codiciosa un mapa de Latinoamérica. Después de aquel reportaje y de los fastos olímpicos, España sufrió la crisis económica del 93 y Latinoamérica acabaría defraudando muchas de sus expectativas (Asia se lo zampó casi todo). Pero aun así, el segundo desembarco español en América, con todos sus altibajos, ha resultado duradero: el BBVA repunta gracias a sus filiales mexicanas; el agua de Bolivia la gestiona -por ahora- la sevillana Abengoa; Telefónica uniformiza las cabinas de todo el Cono Sur; Meliá acampa en sus mejores playas... Ayer, tres lustros después del reportaje de la revista americana, el Financial Time s, el gran periódico económico londinense, retomaba el tema, pero con un nuevo enfoque: «A diferencia de lo que ocurrió en 1588, la Armada española está conquistando con éxito el Reino Unido». ¿A qué se refieren? Pues al ímpetu, casi voracidad, con que las firmas españolas asaltan los mercados europeos. La prensa británica, un poco perpleja, hace recuento del desembarco: los ingleses compran su ropa en Zara, guardan su dinero en el Abbey National (banco abducido por el Santander por 9.400 millones de euros) y telefonean a través de O2 (operadora succionada por Telefónica por 26.000 millones). Además, la semana pasada Ferrovial lanzó un envite para hacerse con BAA, el gigante que controla los aeropuertos de Heathrow, Gatwick y Stansted. ¿Qué está ocurriendo? El diagnóstico de los gurús ingleses es que los empresarios españoles son hoy los más inquietos de la eurozona, un territorio un tanto mortecino, aburguesado tras décadas de opulencia. ¿Y por qué? Existe una razón económica: los españoles están dándole vidilla al petiño acumulado tras 15 años de crecimientos muy por encima de la media europea. Pero los ingleses creen que el éxito atiende sobre todo a un estado de ánimo: los empresarios españoles son «¡optimistas!», tienen ideas, arriesgan. El éxito coincide además con la llegada al parqué de una nueva generación de ejecutivos, formados en el rigor de las mejores escuelas de negocios anglosajonas, pero con la chisposa creatividad sureña. En días de cicatero psicoanálisis estatutario, alivia la admiración con que nos mira la prensa inglesa más ceñuda. Mientras bostezamos con las efímeras regañinas PP-PSOE; Soluziona está instalando la red de la futura agencia tributaria palestina, Fadesa arma pirulís de cristal en París, Añón compra una siderurgia en Bayona (Francia), Calvo se hace con la mayor conservera de Brasil, Finsa mantiene dos fábricas en Francia, y Eurolatón, una en China... Galicia también puede navegar en el galeón cosmopolita de los nuevos conquistadores. O puede quedarse replegada admirando su hermoso ombligo suevo. Pero en un mercado implacable, las ideas cotizan más que las morriñas.