PAROT es un asesino que no está arrepentido y que se permitía, desde la cárcel, dar dicterios a la banda, razón para que la dirección de ETA lo designara como interlocutor en una mesa de negociación. Seguro que mi tía Malena, viuda del general Quintana Lacacci, al que vio asesinar a la salida de misa en Argüelles un fatídico domingo, no puede entender que tal sujeto salga de prisión en fechas próximas. Es complicado ponerse en la piel de las víctimas del terrorismo. Creo que Peces Barba lo está haciendo muy bien. Pero tengo que advertir que hubo y puede haber otras víctimas. En Unidad Alavesa no tuvimos que enterrar a nadie. Tuvimos suerte y el cariño de los cuerpos de seguridad del Estado, que nos ayudaron a salir vivos de numerosos intentos de asesinato. Rara era la lista de comandos etarras en la que no apareciéramos como objetivos a los que se había hecho un seguimiento por el comando de información para posterior ejecución. Sin embargo, al no ser ni del PP, ni del PSOE, casi se olvidaron de nosotros, y no nos suelen llamar para que opinemos sobre la cuestión. Incluso, algún valiente me llegó a decir, cuando mi cese y regreso a Euskadi, que no iba a poner sobre su conciencia mi riesgo. Hoy hago vida laboral en Vitoria. No me da la gana de llevar escolta, pues lo hice doce años y siempre compartí con mi amigo Vidal de Nicolás, poeta y presidente del Foro de Ermua, que «sin libertad no merece la pena vivir». Estoy tan legitimado como determinados políticos para decir lo que pienso. Donde la ley no distingue, no se le puede pedir a los jueces que distingan. De hacerlo así, sin modificar la ley en el Parlamento, estaríamos dando razones a quienes durante años colocaban el calificativo de presos políticos a los etarras. Nuestro país, por ser Estado de derecho, no tiene presos políticos. Euskadi camina hacia la normalidad. Entendiendo por ello la desaparición de la violencia con fines políticos. Cada cual puede defender lo que quiera a condición que lo haga con la palabra y con la fuerza de las urnas. Como víctima, que he tenido que volver contra mi voluntad a Euskadi, que no me han dejado seguir trabajando en Galicia, tengo derecho a que la paz sea una realidad inmediata que me permita ejercer todos mis derechos ciudadanos. Aseguro que el ambiente actual en Euskadi exige la búsqueda definitiva del escenario para la desaparición de ETA.