LUÍS VENTOSO
06 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.EN LAS zonas de libros más vendidos se amontonan las bebegrafías . Es decir: las biografías de doña Leonor. Los biógrafos han logrado resumir la vida de la infanta en unos tochos de tapa dura de más de 200 páginas. Un hito intelectual: el bebé emitía sus primeros pucheritos... ¡y ya le habían endilgado tres biografías! Una solución para encher -y dar forma a un libro gordecho, que decore en la estantería- es tirar de la historia paterna. Sin embargo, la vida de don Felipe resulta poco azarosa: triunfó en todas las academias militares, cursó un año en Toronto e inaugura con soltura. No está mal, pero tampoco son las gestas de Carlomagno. Más novelesca es la historia materna: del Telediario a princesa. Lástima que el Hola! ha quemado el tema. Así pues, el meollo de una biografía de doña Leonor ha de ser necesariamente la propia infanta. Y ahí surgen asuntos de Estado, que preocupan a la opinión pública: en un país igualitario, ¿se le deben hacer agujeritos para los pendientes?; ¿utiliza la infanta el plebeyo Dodotis o existe una pañería regia?; ¿cómo es la suspensión del borbónico cochecito?; ¿a la futura reina le va Zara Kids o prefiere a Pili Carrera? Ya nos lo decía ZP: la España plural está en patucos.