NO SE DEBE juzgar a Hamás por el terrorismo pasado, pero sí por el futuro, si lo hay y es de su autoría. Como tampoco se debe juzgar a Israel por las respuestas violentas que dio a las acciones de ese partido islamista en el pasado, sino por las que dé en el futuro. Es la única forma de inaugurar un porvenir que desconecte el conflicto israelo-palestino del infierno vivido en un pretérito más que imperfecto. Es evidente que el gran logro (si lo hay) será que la violencia y el terrorismo queden excluidos del nuevo marco de relaciones entre judíos y palestinos. Y esto le concierne a Hamás, es evidente, pero también a Israel. Es necesario que los dos bandos no quieran confrontación bélica para que no la haya. Pero, además, es también necesario que ambos den pasos (a poder ser no unilaterales) para abandonar el matonismo y la negación sistemática del otro, y entrar así en una senda de reconocimientos mutuos y de pragmatismo político que permita encauzar unas negociaciones mil veces encalladas. He creído desde el primer momento que la victoria de Hamás podía tener esta ventaja: la de desarmar muchos prejuicios y desconfianzas. No ignoro los riesgos -reales- de que ocurra lo contrario. Pero es necesario persistir en la esperanza y comportarse como si estuviésemos ante unos hechos susceptibles de mejorar la situación (aunque se nos figure algo tan difícil). Por eso es tan necesario presionar a Hamás, pero también a Israel. Presionar a los vencedores en las elecciones palestinas para que abandonen la violencia y reconozcan al Estado de Israel, y presionar a los judíos para que no torpedeen sino que favorezcan este cambio, que, como bien señaló el presidente turco, el islamista Recep Tayyip Erdogán, no puede ocurrir de repente sino que requiere de tiempo y de paciencia, pero que constituye la única salida sensata. También es clave en este proceso la actuación del presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas. Su credibilidad internacional y su capacidad de interlocución con el Gobierno judío y con Hamás, son una baza importante. Es obvio que hay argumentos para apuntarse a lo peor, pero el buen camino sigue estando en una apuesta firme de todos por la paz.