DISFRAZADO de Rappel de los Andes, Evo Morales acaba de protagonizar un acto folclórico indigenista mezcla de iniciación chamánica para Gran Hermano , demostración sindical verticalista del Bernabéu y ceremonia de masas del Tercer Reich gobbelsiano. Pues para modernizar Bolivia nada mejor que conectar con el espíritu del animal totémico representante de su tribu, el cóndor. Aunque no sabemos qué recurso etnobotánico, ¿coca? ¿ayahuasca?, haya podido utilizar para ponerse a tono y abrir los canales de comunicación con el más allá y lograr así identificarse en comunión con sus antepasados, en este caso los despóticos opresores incas de los antiguos moradores andinos. Pero no es el único que trata de entonarse para reproducir un discurso ad hoc dictado por las ánimas del mundo astral. Aquí, lejos de la pacha mama, el general Mena ha sido empleado como médium por cierto alto espíritu ausente para conectar con el respetable que pena sin esperanza en el valle autonómico de Josafat y recordar al Gobierno en huelga constitucional que las leyes están para ser cumplidas, incluso con la fuerza coercitiva del Estado. Mientras, su ilustrísima reverendísima, de nombre Uriarte en el siglo, materializa el ectoplasma huido de Ternera para sostener lo contrario: la ley como obstáculo para la paz. Pero lo más extraño es el caso de posesión astral de ZP, presidente del Gobierno más o menos en funciones, al cambiar de cómplice en el tema del Estatut, dejar abandonadas después de seducidas a las doncellas del rojerío e irse de francachela con el señorito de buena familia autóctona. Ciertos augures dicen que es sincera contrición, asustado por las consecuencias de sus travesuras. Otros parapsicólogos, que actúa al dictado y que no ha hecho más que enseñar al pueblo idólatra las tablas de la ley estatutaria elaboradas por Yavé/Felipe/Polanco. El doble agente Rubalcaba debería explicar qué entidades mandan a tantos chamanes.