Adán y Eva

OPINIÓN

Adán y Eva, además de ser nuestros primeros padres, fueron los primeros aprendices de seres humanos. Y en esto pone el énfasis Francisco Muñoz en su recién publicada novela Las colinas del Edén, que es, a la vez, una formidable reivindicación de Eva, la leal e ingeniosa compañera de Adán. En la obra de Muñoz presenciamos los primeros pasos fuera del Paraíso Terrenal: el dolor, el desconcierto, la fascinación, el amor, el afán de sobrevivir, la resistencia ante el castigo, la convivencia con los propios límites..., cuando todo era descubrimiento del mundo y de la vida, y cuando la única reacción posible era el más virginal e ilimitado asombro. Hermosos momentos iniciales e iniciáticos, que lo llevan a uno a pensar en las pocas cosas que sabría hacer si de repente quedase solo en el mundo. Cada descubrimiento es una nueva dependencia que padecemos. ¿Sabríamos vivir ya sin el avión, el móvil o la televisión? Lo seguro es que, de quedar solo, yo no sabría reinventarlos. Por ello es tan ilustrativo peregrinar al más remoto ayer, llevados de la sutil trama que nos propone Muñoz. ¿Éramos más grandes y más libres entonces? El escritor nos deja ver, con poderosa imaginación, que somos los mismos. Unos aprendices. Talmente.