Primera encíclica de Benedicto XVI

FEDERICO FERNÁNDEZ DE BUJÁN

OPINIÓN

EL MIÉRCOLES 25 -al término de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos- el Papa ha publicado su encíclica Deus caritas est . Su denominación obedece a la costumbre inveterada por la que ciertos documentos papales toman su título de las primeras palabras de su texto. El Santo Padre comienza con una cita tomada de la primera epístola de San Juan: «Dios es Amor y quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él». Esta máxima sublime resume la totalidad del mensaje cristiano. El texto aborda el amor en su configuración teórica y en su concreción práctica, ofreciendo una lectura reflexiva y operativa para el mundo de hoy. La cita «Dios es Amor» es la única definición de Dios que contiene la Biblia. En el Antiguo Testamento, Dios es innombrable. Atributos tales como eterno, sumo creador, omnipotente, omnisciente, justo, providente, etcétera, son incapaces de definirlo. Sólo San Juan, el discípulo amado, el que reclinó la cabeza en el pecho del Maestro y pudo oír sus latidos, se atreve a definirlo. Sólo el Amor define a Dios. Dios todopoderoso, no puede dejar de ser amor, pues, si dejase de amar dejaría de ser. La encíclica se estructura en dos partes. La primera ofrece una exposición sobre las manifestaciones del amor y destaca la concatenación entre el Amor de Dios por el hombre y el amor humano. Afirma: «Amor es una de las palabras más usadas y abusadas... En la multiplicidad de significados... emerge como arquetipo el amor entre hombre y mujer que en Grecia era calificado como eros» . A continuación, valora la propia corporeidad del amor y añade: «Si el eros inicialmente es sobre todo deseo, en el acercarse después, a la otra persona... buscará cada vez más la felicidad del otro, se donará y deseará ser para el otro». Recuerda que el cristianismo profundiza en el amor dativo: «El eros se transforma en ágape si uno busca el bien del prójimo y deviene en charitas si se abre a... toda la familia humana». La segunda parte aborda el cotidiano ejercicio de la caridad. «El amor al prójimo... es una tarea personal... y eclesial». Destaca cómo ha sido misión constitutiva de la Iglesia desde su origen. Reitera la importancia del magisterio de sus predecesores en el intento de ofrecer soluciones a la cuestión social, sobre todo a través de la Rerum Novarum de León XIII y de las encíclicas, de fuerte impacto, de Juan Pablo II: Laborem exercens , Sollicitudo rei socialis y Centesimus annus . Al final, el Papa sitúa oración y caridad en íntima comunión: «El cristiano sabe cuándo es tiempo de hablar de Dios y cuándo es justo callar y dejar hablar solamente al amor. El himno a la caridad de San Pablo debe ser la Carta Magna de todo ejercicio eclesial para protegerlo del riesgo de caer en puro activismo». Como colofón resalta el insustituible poder de la oración: «Frente al secularismo que puede condicionar a muchos cristianos comprometidos en el trabajo caritativo, es necesario reafirmar la importancia de la oración... El contacto vivo con Dios evita... la experiencia de la desproporción entre la necesidad y los límites del propio actuar...». En suma, frente a los prejuicios y estereotipos del nuevo Papa, sin duda, Ratzinger, de nuevo, habrá sorprendido.