DESPUÉS del acuerdo global entre el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el presidente de CiU, Artur Mas, sobre el proyecto de nuevo Estatuto para Cataluña y el paso a la reserva de los independentistas de ERC, Josep Antoni Duran i Lleida está más cerca que nunca de ser ministro de Asuntos Exteriores del Reino de España. El presidente del comité de gobierno de Unió Democrática de Cataluña, secretario general de CiU y diputado por Barcelona no ha perdido comba para salir en cuantas fotos se han hecho juntos Mas y Zapatero, sabedor de que en un probable gobierno PSOE-CiU él será uno de los ministros de la coalición en Madrid, mientras su jefe de filas desplaza a Maragall de la plaza de San Jaime. Un eufórico Mas ya se ocupó de declarar a los periodistas que no descartasen «que en algún momento haya una mayor implicación» de CiU con el PSOE. La clave de esta colaboración estaría en que la puesta en marcha de los acuerdos de la Moncloa requiere un margen de tres o cuatro años y un gobierno en la Generalitat de Cataluña «que se sepa desenvolver bien». Así pues, tras el refrendo del Estatuto por los ciudadanos de Cataluña, habrá elecciones en esta comunidad y después, y si todo sale como apuntan las encuestas, gobierno de coalición CiU-PSC, con Mas de honorable . Fin del tripartito. Para Duran i Lleida la cartera de Exteriores será premio y colofón a una dilatada carrera política en la que, desde los albores de la transición, ha servido a su partido, a la coalición y al Estado con finura andreotiana. El premio le llegará casi en el sonar de la campana y cuando a este fibroso aragonés, democristiano, nacionalista y catalanista se le estaba poniendo cuesta arriba seguir en la política y hacer oídos sordos a propuestas profesionales que le llegaban desde distintas partes, aunque alguna, bien es verdad, con veneno en la recámara. Mas, su contrincante y ganador en la lucha por el liderazgo en la coalición nacionalista, ha resultado ser, a la postre, su trampolín hacia esa cartera ministerial para la que se ha entrenado desde su presidencia de la Comisión de Exteriores del Congreso de los Diputados y sobre la que tiene buenas ideas y la ocasión de rectificar la maltrecha línea actual. La segunda incógnita será la duración de ese gobierno PSOE-CiU. Algunos apuestan que larga, si Zapatero y sus aliados consiguen excluir al PP del nuevo marco posconstitucional. Otros, que corta, si Piqué, Matas, Núñez Feijoo y Rajoy lo evitan. Aún es pronto para predecir entre tanta confusión.