Ciática

| JUAN J. MORALEJO |

OPINIÓN

26 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

COMO organismo natural que es, el hombre nace, crece, se reproduce y muere. Si fuera organismo público tendría un ciclo muy diferente, con hipertrofia de las fases de crecimiento y reproducción y con exclusión de la de muerte. El hombre nace, lo nacen; el hombre crece, pero algunos más bien poco y antes libraban de la mili y antes y ahora libran del baloncesto; el hombre se reproduce, pero cada vez menos y la pirámide de población ya es un escuálido pirulí con la punta para abajo; el hombre muere. Y, para ser políticamente correcto, diré que también a la mujer le afecta todo lo anterior, excepto lo de librar de la mili, que no la hacía aunque fuese alta y delgada como su padre y, cuando pidieron igualdad en el asunto, fue de teniente para arriba. Nacer, crecer, reproducirse, morir es currículo magro en demasía para el Rey de la Creación: hay que entreverarle alguna que otra amenidad, por ejemplo, las paperas, la primera comunión, las pruebas de selectividad, un contrato de trabajo, una boda o varias¿ y, cuando ya se ha liquidado la fase reproductora, es decir, cuando dejas de ser sujeto agente, unos cuantos episodios de sujeto paciente antes de hacer mutis. Por ejemplo, una ciática. Una buena ciática mola cantidad y con analgésicos a 100 euros la caja, hasta entra en el apartado de signos externos de riqueza. Sobre el origen de la ciática hay teorías: algunos dicen que es castigo divino por la mala vida pasada, pero es teoría que en mi caso falla estrepitosamente en dos frentes: uno, que con mi pierna izquierda pequé poquísimo; otro, que de mala vida pasada nada de nada, porque me han pagado por hacer a gusto lo que me peta, me he pateado a fondo Miño, Deva, Tambre, Ulla¿ y en la fase de reproducción me tocaron cuatro superhijas supercalifragilisticaespiralidosas. La ciática es más bien de teoría médica y el enfermo pone el lado práctico: el nervio ciático y sus ramas andan anguriados y el médico dice ¡radiculitis! y no veas lo que dices tú porque no te llega la pierna al suelo, pero también tienes el consuelo de que, en principio, lo que acaba en itis tiene mejor pronóstico que lo que acaba en osis. Y no te llega la pierna al suelo porque, si lo intentas, el latigazo es esplendoroso y con el calambre le pondrías iluminación navideña a tu calle. Pero todo tiene su lado bueno, pues si la pierna no te llega al suelo, tienes menos riesgo de meter la pata. Consideren los políticos y parlamentarios si no les valdrá la pena hacer la experiencia de al menos un mes de ciática al año, en plan Ramadán. Debería haber ciática de lengua. Créanme que anteayer una mala postura y un mal giro en la cama me dieron tal latigazo que, además de estrenarme en que me dolieran hasta las uñas de los pies, me produjeron un delirium tremens en el que se me aparecieron y discursearon Acebes, Pepiño Blanco y Carod. Pero me di tal pepinazo de analgésico y calor que enseguida entré en visión beatífica y se me apareció san Francisco Rodríguez diciendo que sí a algo.