Centrarse

| PABLO MOSQUERA |

OPINIÓN

DIFÍCIL para un partido como el PP de Galicia que siempre fue la ortodoxia de la derecha, en un momento político que produce imágenes y mensajes de máxima confrontación entre la organización nacional del primer partido de la oposición y los demás. Necesario para la modernización de Galicia, que no sólo viene dada por sus infraestructuras y su modelo socioeconómico, ya que depende de la capacidad de sus dirigentes políticos, sean de gobierno o de oposición, para acordar y conciliar proyectos basados en ideas que definan la ciudadanía gallega del siglo XXI, lejos de favores, miedos, pleitesías y abusos de poder. Un país lo hacen sociedad civil y clase política. Las demandas de aquélla deben ser el objetivo laboral de ésta. Pero suele ser al contrario; la sociedad civil se ve envuelta en las disputas y dicterios de los políticos. La eterna etapa de gobierno de la derecha en Galicia ha dado paso a la oportunidad de la izquierda. La palabra clave fue cambio . Ahora el PP se apunta al cambio. Cambio generacional, cambio de organigrama, cambio de intenciones más allá de los discursos para dar imagen de unidad y fortaleza, como si no hubiera pasado nada. Las preguntas inmediatas darán la respuesta en el ¡qué hacer! ¿Cuál será el grado de autonomía del PP gallego con respecto al discurso de Zaplana y Acebes? ¿Elegirán el modelo Piqué? ¿Qué harán para conciliar un Estatuto para todos los gallegos? Fraga es irrepetible. Me da lástima que tenga que irse a Madrid para evitar tentaciones de todo tipo en torno a su persona, cuando surjan los conflictos por la ortodoxia. Fraga debería ser como Pujol en Cataluña. Pero el sino de los gallegos ilustres es la emigración forzada. Centrarse en no perder el poder municipal que le queda al PP en Galicia. Esa puede ser la urgencia. Si el método consiste en usar las viejas conexiones, casi feudales, entre partido y gentes, el sopapo puede ser definitivo, ya que el poder de hacer lo tiene la Xunta, y eso se lo notan enseguida los gallegos educados en la búsqueda del favor. En Ourense la Diputación paliará el efecto Xunta. En Lugo se verá la capacidad de un Cacharro que se ha quedado descolgado y de un Barreiro taciturno. En A Coruña y Pontevedra, el cambio municipal puede ser mucho más fuerte. Deben centrarse en buscar una nueva generación de políticos que salgan de una sociedad civil dispuesta a intervenir en el futuro de Galicia.