A LOS QUE no disponemos de unos grandes conocimientos jurídicos, y que somos unos cuantos, la decisión del juez Grande-Marlaska de prohibir el congreso de Batasuna nos ha parecido de lo más normalito. Para los que sabemos tan poco de legalidades que nos da igual que nos asesinen o que nos homiciden , el juez no ha hecho más de lo que tenía que hacer. Por un razonamiento elemental. Si la Ley de Partidos ilegalizó en su día a Batasuna y el fiscal general del Estado ha dicho que está disuelta, se entiende que cualquier acción que promueve esta formación es tan ilegal como ella misma. Y, por tanto, no debería ser necesaria la intervención en algo que no existe. Por eso no entendimos las discusiones de las últimas semanas sobre la celebración del acto previsto para hoy de una formación que no existe, ni sobre la posibilidad de que esa formación que no existe eligiese la dirección de la misma formación que tampoco existe. No cabía, pues, otra alternativa que la de mantener la postura que se acabó imponiendo y que debería haber imperado, sin tanta discusión. Batasuna sigue siendo ilegal y por eso no existe. Pero, dicho esto, los que seguimos sin tener unos grandes conocimientos jurídicos y que, insisto, somos un montón, no salimos del asombro. Si Batasuna es ilegal, ¿cómo es que tenía abiertas sedes y páginas web? Si no existe, ¿cómo le estamos dando credibilidad a lo que dice Otegi? ¿Y cómo siguen hablándonos de Batasuna, de los batasunos y de la batasunización? ¿O es que nos están diciendo ahora que Batasuna existe después de que la ilegalizamos, la prohibimos y la disolvimos? Resulta imposible de entender este guirigay. Así que lo mejor es que nos lo expliquen. Despacito y claro. Y que no nos vengan con que llegamos a este absurdo porque hicieron la vista gorda y fueron generosos e indulgentes con los tiburones.