Memorias de una cabra

Luis Ventoso

OPINIÓN

19 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

DECÍA mi abuela, ilustre cabra legionaria que cayó con honores en el desembarco de Alhucemas, allá en los días de chaladura patriotera de Millán Astray, que «la cabra siempre tira al monte». Y parecía cierto, pues mi madre tampoco se salvó de las hazañas bélicas, y hasta perdió un cuerno en la olvidada guerra africana de Ifni, en 1957. Pero lo mío es otro rollo. Estoy enrolada en el tercio Gran Capitán de la Legión, en Melilla. Vivo bien. Algún desfile, y poco más. De guerra, aquí na . Me tiro el día en el patio del cuartel, triscando hierba seca, rumiando mis cosas. Aunque sirvo en una bandera que todavía se llama Comandante Franco, la peña se ha tranquilizado, la mayoría son guiris, entienden la democracia, saben que hoy la Legión está para hacer oenegés, más que pa pegar tiros. Por eso, cuando he leído la carta de mi capitán, que quería plantarnos en Madrid delante de Bono, me han venido a la cabeza mi abuela, el golpe de Primo de Rivera, Millán Astray, Tejero y hasta el animal de Espartero (y me refiero al caballo). Pero tranquilos: aunque haya barullo, no van a volver, porque su mundo ya no existe.