LA DESAPARICIÓN de Águeda González en Baiona, como antes las de Sara Alonso o Déborah Fernández en Vigo, tiñen de crueldad la historia más negra de Galicia. Las tres acabaron en tragedia y para ninguna cabe explicación. Miles de personas buscaron durante una interminable semana a Águeda, igual que sucedió con Sara o Déborah. Son casos extremos, pero también el espejo de una evidencia: se vista como se vista, el repunte de la violencia es un hecho. Sólo en el área de Vigo, en lo que va de año hubo que lamentar hasta diez casos de violencia doméstica. Los delitos de sangre se han disparado en España un 20% en los últimos dos años y los asaltos a las viviendas parecen ya un fenómeno común. La seguridad ciudadana vuelve a figurar entre las primeras preocupaciones públicas.