ATAQUE al fin, aunque sea de sinceridad, el que ha padecido Zapatero en el colegio jienense donde varios mocitos le hicieron preguntas sobre temas diversos. Por primera vez ha reconocido que siempre estará presente en nuestra relación con Estados Unidos -con su Ejecutivo- el hecho de que a Bush le sentó bastante mal que nos retirarámos de Irak. El reconocimiento no es sin tiempo, porque además de producirse con notable retraso estuvo precedido de innumerables afirmaciones en contra, del propio Zapatero y de varios ministros. Algún día reconocerá nuestro presidente que no era descabellada la hipótesis de tantos y tantos españoles que damos por hecho que lleva meses de negociaciones con ETA. Como ha tenido que reconocer implícitamente, como en un pasmo, que la actitud de Washington dificultando nuestra operación de venta a aviones a Chávez no era una cuestión comercial, sino rotundamente política. No le vendría mal al inquilino de la Moncloa permutar un poco de talante -indefinido: puede ser bueno o malo- por una pizca de sinceridad. Probablemente nos enteraríamos de que nunca existieron las ocho soluciones mágicas que tenía para resolver el problema del Estatuto catalán. En la tierra de los aceituneros altivos, José Luis Rodríguez Zapatero ha agachado levemente la cerviz para reconocer que, en algún punto, nos ha estado mintiendo. ¿Cuántos casos más descubriremos con el paso del tiempo? Por lo menos ya nos ha confirmado en otro punto que es capaz de endurecer la ley antitabaco, Dios sabe hasta qué límites. No descarta que pueda haber un actitud mucho más contundente en este punto. Para mí es un ejemplo que trasciende del hecho mismo que regula, y que nos demuestra cómo Zapatero, además de mentir, o cuando menos de decir verdades aplazadas, es capaz de restringir las libertades individuales.