Suflé de papel

| MANUEL-LUIS CASALDERREY |

OPINIÓN

EL ELEMENTO característico de los suflés son las claras a punto de nieve. Una enciclopedia de cocina dice: ligeras y sofisticadas preparaciones hechas con yema de huevo y clara muy batida. Ha de evitarse que las claras a punto de nieve se bajen, con el fin de mantener alta y esponjosa la superficie superior del suflé. En definitiva, el suflé es algo hinchado por el aire incorporado al batir las claras. En algunos restaurantes, el suflé es un postre clásico, que ha de encargarse en el momento de pedir los primeros platos, porque su elaboración requiere tiempo y no puede tenerse preparado, sino que ha de montarse al momento. Lo sirven con un licor en llamas, para darle el toque final y buscar el contraste entre frío y caliente. Me he dado cuenta de que existen otros suflés distintos de los de repostería. El suflé quirúrgico, cuando hinchan el vientre para practicar intervenciones por la técnica conocida como laparoscopia. El suflé literario, cuando hinchan un relato para aumentar el número de páginas. El suflé interior, cuando comes un buen plato de lentejas, garbanzos o judías. El suflé político, cuando se hinchan los datos favorables. Seguro que usted encuentra alguno más. El que más me ha llamado la atención es el suflé de papel higiénico. No tengo evidencias científicas porque no guardo rollos antiguos, pero me da la impresión de que la mayoría de los rollos que me venden hoy algunas marcas son puro suflé. Han aumentado el diámetro interior del tubo de cartón y enrollan el papel en plan punto de nieve, con el fin de que quede esponjoso. Ambas cosas conducen a que los rollos de papel duren mucho menos que antes. Me gustaría que los fabricantes volviesen al rollo clásico y dejasen de vender suflé de papel higiénico, de papel de cocina, etcétera. De ese modo el presupuesto familiar recibiría un respiro al disminuir el gasto de ese imprescindible papel.