El ridículo del Estado

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

10 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

¿CUÁNDO se calmará un poco esto? Lo pregunto porque empieza a resultar tedioso que no haya un solo día sin una tensión grave; casi siempre proveniente del flanco nacionalista. Ayer mismo, los partidos catalanes dieron escasas muestras de comprensión hacia los sentimientos del resto de los españoles y acordaron mantener el término nación en su Estatuto, sus exigencias ante la futura agencia tributaria y las diferencias que los separan del Gobierno central. Los propios socialistas han puesto en otro aprieto a sus compañeros del PSOE. Da la impresión de que buscan el todo o nada y en el fondo están tratando de justificar una retirada del texto. Con esta herida abierta, ahora estamos forzados a mirar al País Vasco, por el próximo congreso de Batasuna. ¿Un partido ilegal va a celebrar un congreso?, se preguntarán ustedes. ¿Y será de puertas abiertas? ¿Y con cámaras de televisión? Sí, señor; y si es preciso, retransmitido en directo. Ayer vimos la impotencia del Estado ante ese desafío a las sentencias del Tribunal Supremo. Fue cuando le preguntaron a Zapatero si lo iba a prohibir, y respondió que eso es competencia del Gobierno autónomo vasco. ¿He dicho impotencia del Estado ? Habría que decir ridículo del Estado, porque debemos ser el único país del mundo donde una de sus partes puede incumplir una sentencia de su más alto tribunal sin que ocurra absolutamente nada. También habló el propio presidente del Tribunal Supremo, la alta instancia que declaró la ilegalidad de Batasuna y la calificó como organización terrorista. Y ese tribunal no puede actuar, salvo a instancias de la Fiscalía General o de la Abogacía del Estado. No tiene ninguna otra capacidad coercitiva para decirle a la autoridad civil la barbaridad que supone reconocer el derecho de reunión y propaganda política a una organización ilegalizada. Esto es muy puro desde el punto de vista procesal, pero pone sobre el tapete las dificultades que encuentra la Justicia frente a la facilidad de funcionamiento que tiene una organización que está fuera de la ley. ¿Quieren completar el cuadro? Pues miren el proceso mental en que han entrado algunos socialistas. El portavoz parlamentario del PSE, José Antonio Pastor, acusó a quienes critican que se permita ese congreso de pretender arruinar cualquier posibilidad de acuerdo. Es decir, que, si hay alguna posibilidad de que ETA deje las armas de forma pactada, debe hacerse la vista gorda, dar barra libre a los batasunos y permitir todas las burlas a la ley. Esto, señores, es poco noble. Es cargarse los principios. Y algo peor: es convertirse en prisioneros del terrorismo, que maneja los designios políticos a su antojo y conveniencia. No lo podemos entender.