El 10%, ¡el 10%!

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

¿QUIÉN dice que los políticos no son capaces de llegar a acuerdos por encima de sus diferencias de partido? ¡Vaya si lo son!. Vean si no a los diputados del PP, el PSdeG y el BNG, que habían ya cerrado un arreglito de primera: ¡subirse el sueldo un 10%! Auténtica refutación del pesimismo sobre la nula capacidad de pacto de los padres de la patria, ese arreglito era la prueba del nueve de que, cuando interesa, las diferencias de partido no tienen importancia. Pues bien: hasta ayer mismo, lo que más interesaba a nuestros diputados autonómicos era, al parecer, lo que cobran cada mes. Bien está saberlo, para tomar nota del asunto. Dado que sobre esta cuestión la demagogia es siempre fácil, los interesados suelen despachar las críticas que reciben por subirse los salarios acusando de demagogo a todo el que se atreve a enmendarles su actuación. Pondré, por eso, el parche antes que el grano: sé que la remuneración de los parlamentarios fue en su día un elemento de democratización fundamental de la vida política europea, pues sé que antes de que sus señorías cobrasen un salario del Estado sólo los ricos podían dedicarse a la política. Pero esos, claro, fueron tiempos. Hubo otros, posteriores, en que los parlamentarios procedían casi siempre de grupos profesionales muy cualificados, lo que determinaba que su dedicación a lo público tendiese a ser vocacional. Y ello hasta el punto de que muchos de ellos, cuando no la mayoría, perdían dinero al pasarse de su vida profesional a la política. Así eran las cosas en los inicios de la actual España democrática, como puede comprobarse repasando una lista de los parlamentarios de la época. Pero hace ya tiempo que todo es diferente: muchos, cuando no la inmensa mayoría, de los electos que hoy se dedican a la política en España no serían capaces ni de lejos de ganar fuera de sus cargos lo que ganan ejerciéndolos. Por eso, la percepción de la opinión pública ante la noticia de que los diputados gallegos estaban dispuestos a incrementar sus remuneraciones casi cuatro veces lo que subirán los salarios en España no podía ser otra que una verdadera escandalera, ofensiva para los millones de trabajadores que llevamos muchos años sujetos a una durísima contención salarial que fue, por cierto, la que nos permitió converger con Europa en tiempo récord. Es cierto que nuestros diputados no figuran entre los mejor pagados de la Unión. Pero lo es también que los tiempos están para que quienes nos representan den ejemplo. El que ofrecerían nuestros diputados acordando subirse un 10% sus salarios sería, sin embargo, de los peores que cabría imaginar.