El trasplante y la donación

| MARCELINO GONZÁLEZ MARTÍN |

OPINIÓN

PILAR CANICOBA

EL TRASPLANTE de órganos representa la epopeya más apasionante de la ciencia médica, tanto en lo que supone como hazaña terapéutica como en el profundo significado social que entraña la donación de un órgano, imprescindible para que haya trasplante. Sólo una sociedad avanzada, concienciada de sus obligaciones sociales, informada acerca de la necesidad de órganos para resolver graves problemas de salud, puede estar dispuesta a la donación de órganos. La donación por una persona viva de un órgano no imprescindible, como el riñón o parte del hígado, más que un acto de solidaridad es esencialmente un acto de amor real, profundo. Dona un órgano sometiéndose a una intervención con sus riesgos. En unas fechas como las que acabamos de celebrar, en las que los actos de amor entre familiares son tan habituales, hay dos hechos históricos en el trasplante renal. En la Navidad de 1952, en París, un joven de 16 años tiene un accidente con rotura múltiple de su único riñón. Para salvarle la vida es necesario extraerlo. La muerte del joven es segura a corto plazo, en días. La madre ofrece un riñón para salvar a su hijo. El trasplante es muy arriesgado. Tengamos en cuenta que este tipo de intervención de donante vivo no se había practicado nunca y por otra parte no se disponía de medicación eficaz para el rechazo. Finalmente, el trasplante se realizó el 24 de diciembre. La evolución inicial fue totalmente satisfactoria, pero la felicidad de todos se vio truncada a los 21 días, ya que apareció el rechazo y no pudo ser controlado. El paciente falleció. Dos años más tarde, en 1954, en Boston, el 23 de diciembre, tiene lugar el definitivo y verdadero primer éxito en la historia del trasplante renal. Se trata del trasplante entre dos hermanos gemelos. La identidad física acompañaba a la identidad genética y además un profundo amor entre ambos, lo que hizo realidad el trasplante. La evolución a corto y largo plazo fue totalmente satisfactoria. En este caso, por su identidad genética, el rechazo no se produjo. Actualmente, con profundos conocimientos del rechazo, con armas terapéuticas muy eficaces para controlarlo, la donación de un riñón para un hijo, un hermano o su pareja, es cada vez más necesaria y a la vez más frecuente. La evolución y el resultado a largo plazo de este tipo de trasplantes es superior a la de donante cadáver. En el Hospital Juan Canalejo comenzamos el programa de trasplante renal en enero de 1981. Fue el primer trasplante realizado en Galicia. Vamos a cumplir nuestro 25 aniversario dentro de unos días. Los primeros trasplantes fueron precisamente entre donantes vivos. Posteriormente, las necesidades de riñones para trasplante fueron cubiertas totalmente por los donantes cadáver. En la actualidad, el número de riñones necesarios para cubrir las necesidades ha aumentado. Pacientes con más edad y graves problemas que antes eran excluidos del programa de trasplante ahora son aceptados. Algunos de ellos para trasplantar dos o tres órganos simultáneamente: riñón, páncreas, corazón, hígado, pulmón... Otro grupo de pacientes lo representan enfermos trasplantados de riñón en los que el órgano ha fallado, precoz o tardíamente, y reingresan en el programa para recibir un segundo, tercer o cuarto trasplante. En el año que acaba de finalizar, el número de trasplantes renales realizados ha sido de 76, siete de ellos de donantes vivos emparentados, cifra insuficiente totalmente en relación con nuestra lista de espera. Hemos de reconocer, con pesar, que la donación de órganos en Galicia está por debajo de la media nacional. Para finalizar, y a modo de mensaje: la donación es un acto de solidaridad para salvar o mejorar la calidad de vida de nuestros pacientes-familiares enfermos. La donación de vivo es la mayor muestra de amor hacia el receptor. Los órganos donados de cadáver siguen viviendo en otra persona, dándole vida. Tenemos la esperanza de que este nuevo año que ahora comienza mejoremos entre todos el programa de trasplante en bien de nuestros pacientes, que podemos ser nosotros mismos.