MÁS DE dos mil dicen que hay en Galicia. Es gente a la que le une una circunstancia: no tienen hogar. Luego se juntan y echan un trago y resulta que les unen más cosas: amores frustrados, pasos equivocados, tiros mal tirados y el abandono por el que se dejaron caer hasta verse ahora frente a una hoguera que huele mal porque quema algo de plástico. Okupando un piso franco, animados por un trago largo, inacabable, y pensando en no dormir para no quedarse fríos ante el fuego que nunca es del todo sincero. Y se quedaron fríos para siempre, ebrios de humo, soñando tal vez que todo era diferente, que el nuevo día que no amaneció iba a traer consigo esa racha de suerte que nunca encuentran por mucho que la merezcan. Pero nunca hay suerte para los sintecho.