La crisis del gas

GONZALO PARENTE

OPINIÓN

LA RED de gaseoductos que en Europa vienen del Este, muchos de ellos a través de Ucrania, ha servido a Rusia para demostrar que tiene la llave de abrir y cerrar un producto energético tan necesario -cada vez más- como es el gas. La subida del precio a Ucrania, que pagaba barato como fiel aliado de Rusia, nos indica que en cualquier momento el gas podría ser utilizado como medida de presión política. La crisis del gas entre Rusia y Ucrania, que parece ya desactivada, vino precedida de una declaración de intenciones del presidente Yúshenko sobre el acercamiento de Ucrania a la Unión Europea y a la OTAN. Ello podría significar un cambio estratégico en la zona de influencia rusa y la ruptura de los acuerdos por los cuales la base naval de Sebastopol venía siendo utilizada por la flota rusa. La desintegración de la URSS tuvo uno de los puntos críticos en el asunto de la soberanía de la península de Crimea, donde el 70% de la población es de origen ruso, y con un alto valor geoestratégico, por lo que significa para Rusia la salida al mar en el Mediterráneo, así como el despliegue de dispositivos nucleares. El tratado que regula todo esto establece los límites aceptados para la solución de coyuntura que el presidente Putin amenaza con romper ahora, si Ucrania cambia las condiciones del uso de la base naval de Sebastopol. En este caso se abriría un conflicto en el sureste europeo de proporciones desconocidas que podría involucrar a la UE y a Rusia. Así pues, la crisis se ha cerrado, pero las causas del conflicto permanecen.