PUEBLO o ciudadanía. Era cuestión de fondo en Euskadi cuando compartía amenazas con Buesa, que por ser residentes en Vitoria, próximos nuestros domicilios, teníamos en común estar siempre, los dos, en los objetivos del reconstruido comando Araba. Cayó una tarde de febrero, cerca de mi casa, tanto que llegué de los primeros hasta sus restos. A partir de ahí, las relaciones PNV-PSE se rompieron, y el PP de Madrid logró subirnos a todos en el tigre de la cruzada de liberación para Euskadi. Algunos nos hartamos de ser siempre los que poníamos la cara y la vida a disposición de la causa. Primero se marchó Jauregui, al que tras leer su artículo ¿Y la izquierda? , descubro desilusionado y con la lámpara de buscar el buen camino desde la encrucijada en la que está el socialismo español. Me dijo, en el Parlamento de Vitoria, que estaba aburrido con una historia interminable de luchas y muertos para ser incapaces de lograr un cambio generacional en la sociedad vasca. Tras mi marcha de Euskadi, quizá por las mismas razones y peligros, tengo razones para señalar que el poder competencial vasco sirvió para alcanzar conquistas sociales a las que se refiere Cándido Méndez en su artículo Y sin embargo se mueve . Auto de complacencia para el 2005, plagado de crispación y Estatuto, donde parece más importante definir las coordenadas que identifican a los pueblos de Iberia, que consolidar o avanzar en el espacio de los derechos sociales para ser y ejercer como ciudadanos. Se aprueba el Presupuesto vasco 2006, gracias al encuentro entre nacionalistas y socialistas. Se abre la posibilidad de gobiernos de mistura, como cuando Jauregui y Buesa eran capaces de llevar la manija del otro mundo no nacionalista con Ardanza. ¡Me alegro! Me da miedo que ETA haya robado explosivos en la descuidada Francia. Puede ser premonición de nuevos dirigentes en la banda. Como dijo Sancho a la cabecera yacente de su señor: «La mayor locura que puede hacer un hombre en esta vida, es dejarse morir, sin más ni más...». Tal presupuesto consolida un estado de ciudadanía vasca envidiable desde otros lares de la hispanidad. Al buen funcionamiento de sanidad, educación, pensiones, servicios sociales, cultura y deportes, añado la política de vivienda para los jóvenes; y no parecen existir problemas de integración para los inmigrantes africanos.