LA PASIÓN de algunos políticos y sindicalistas por proteger nuestro derecho a recibir una información veraz y objetiva, asegurando de paso la pluralidad informativa y el respeto al honor o a la intimidad, nos está metiendo el miedo en el cuerpo a quienes tenemos un fino olfato para detectar intervencionismos enmascarados y corporativismos reductores (de libertades y de pensamientos). En este sentido, llama la atención la prisa por extender a toda España el modelo de Consejo Audiovisual de Cataluña, que todavía no ha producido ningún efecto positivo (aunque ya se temen varios negativos). Porque estamos hablando de cómo asegurar la libertad de expresión, no de cómo poder cercenarla bajo el pretexto de defender a los usuarios de los medios de comunicación. El Foro de Organizaciones de Periodistas de España (FOP), de mayoría sindical, acaba de pronunciarse a favor de la Ley Audiovisual de Cataluña y del proyecto de Ley del Consejo Estatal de Medios de Comunicacióncon el argumento de peso de que España dejaría así de ser el único país de la Europa comunitaria sin tal instrumento. El objetivo, según el Foro, es acercarse «al modélico Consejo Superior del Audiovisual francés, especialmente en lo relativo a la capacidad de conceder y revocar licencias». Con lo cual se deja ver con claridad por dónde van los intereses y los peligros. Camuflados, claro está, bajo la apariencia de garantías para los ciudadanos. Felizmente, la Federación de Asociaciones de la Prensa de España (FAPE), mucho más representativa, no se ha abonado a tal discurso, convencida de que las garantías que ofrece no compensan los riesgos (de politización y de arbitrariedad) que asoman, sobre todo en estos tiempos de crispación y radicalismo. El hecho de que la palabra control aparezca tantas veces en todos los textos que se hacen para beneficiar a la profesión periodística alimenta las sospechas. No es posible que sean necesarios tantos controles para asegurar nuestras libertades. Tenemos el Código Penal, y los jueces, y unos ciudadanos ya mayorcitos para elegir libremente su abrevadero informativo. No deberíamos complicarlo más. Pero me temo que nos quieren dar gato por liebre.