Pagar el jamón

OPINIÓN

HASTA hace algunos años, las estadísticas del turismo en Galicia estaban alimentadas por un grueso de gallegos emigrados que regresaban en verano con el capó del coche semivacío y regresaban con varios jamones, inagotables ristras de chorizos y hasta grelos y patatas para matar el hambre y la morriña. Ese turismo se va agotando, entre otras cosas porque cada vez quedan menos gallegos en las aldeas curando jamones para sus hijos y nietos y el mito de las materias primas gallegas, del paisaje y todo lo demás va dejando de ser gratis para entrar de lleno en el negocio normal del turismo. Los jamones hay que pagarlos. La bruma y el rocío de la mañana, también. Nunca seremos Benidorm, afortunadamente. Pero ya estamos en el negocio.