30 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.
HASTA hace algunos años, las estadísticas del turismo en Galicia estaban alimentadas por un grueso de gallegos emigrados que regresaban en verano con el capó del coche semivacío y regresaban con varios jamones, inagotables ristras de chorizos y hasta grelos y patatas para matar el hambre y la morriña. Ese turismo se va agotando, entre otras cosas porque cada vez quedan menos gallegos en las aldeas curando jamones para sus hijos y nietos y el mito de las materias primas gallegas, del paisaje y todo lo demás va dejando de ser gratis para entrar de lleno en el negocio normal del turismo. Los jamones hay que pagarlos. La bruma y el rocío de la mañana, también. Nunca seremos Benidorm, afortunadamente. Pero ya estamos en el negocio.