Niños y mandarines

OPINIÓN

UN CARBONERO navarro baja de las montañas para llevar juguetes a los niños vascos. Un tronco escupe golosinas cada vez que un niño catalán le da un golpe. Son dos formas diferentes de celebrar la Navidad en el mundo infantil de las comunidades que aspiran a ser naciones dentro o fuera del Estado español. En Euskadi la televisión pública no retransmitió el discurso navideño del Rey. Y el PP llevará la cuestión al Parlamento vasco, en una bronca que forma parte, tradicional, de la Navidad. En Cataluña casi no celebran la Nochebuena, pero tiran la casa por la ventana el día 26, San Esteban; hasta el punto de haberse negado a trabajar en las enmiendas del Estatuto para mantener la tradición navideña del ocio en familia. En las mesas de Euskadi se brinda con txakolí de Guetaria. En las mesas de Cataluña nunca falta el cava del Penedés, por cierto, siempre Brut Nature. Famosa frase atribuida a Lord Byron: «Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro». Hoy, podría cambiarla por otra que mostrara mi añoranza navideña con la lectura de Cuadernos robado s, recopilación sobre los diarios políticos de Manuel Azaña. Estos documentos aparecieron entre papeles que la hija del dictador Franco devolvió al Archivo Histórico Nacional, y que don Manuel (el otro) comenzó a escribir al inicio de la segunda República. Me quedo con la frase: «Nada tengo puesto en la política y si los partidos son tan insensatos que no ayudan, me voy a mi casa y para siempre». Me decía mi hijo Antón, paseando por Vitoria, que los exabruptos de los dirigentes políticos del Estado, Gobierno y oposición, han hecho olvidar aquellas polvaredas que levantaba Arzalluz cada vez que se proponía provocar al personal y desviar la atención hacia su persona. Si Arzalluz hubiera dicho lo que están diciendo a la hora del telediario, todos los días, personajes de los dos partidos que sostienen la necesaria alternancia en el sistema democrático de este país, hasta el Cid hubiera sido llamado para cabalgar blandiendo la Tizona contra tamañas herejías. Y es que a la política no le alcanza: ni el Renacimiento, ni el servicio a las demandas reales del pueblo hecho ciudadanía, ni la paz entre los hombres de buena voluntad... Así que disfrutaremos de las variantes propias del tiempo final del calendario en el que los niños son los que mandan, y los mandarines niños maleducados.