ENTRE LÍNEAS
21 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.ES UN HECHO. Lo del talante no funciona. Vas de buen rollito por ahí y la gente te trata como a un bobo solemne. Mi amigo Manolo, que es un tipo muy listo, dice que en este país lo único que va bien es decir las cosas por las malas, fruncir el ceño y dar algún que otro golpe en la mesa. Y así, todas las puertas se abren y lo que antes era imposible se torna de golpe factible. Como por arte de magia. Les cuento. Cuando Manolo fue padre, en el hospital no querían hacerle no sé que prueba a su bebé porque aún no estaba dado de alta en la Seguridad Social. ¿Surrealista verdad? Pues bien, mi amigo bajó a recepción, puso cara de pocos o ningún amigo, agravó su voz y espetó un «quiero que baje el jefe de Pediatría» al tiempo que su puño comprobaba la firmeza del mostrador. Mano de santo. Le pasó lo mismo cuando fue a inscribir a su pequeño en el Registro Civil. El niño nació en A Coruña, pero él quería censarlo en A Illa de Arousa porque su mujer es de allí. Pues bien, el funcionario le decía que no, que aquello era imposible y que si patatín y que si patatán. Su actitud cambió de inmediato en cuanto mi buen amigo le recordó en un tono con bastantes decibelios que su sueldo lo pagamos entre todos y le dijo algo así como que le iba a hacer lo que le pedía porque a él le salía de sus mismísimos órganos reproductores. No hubo que decir más. El chaval es, por arte de magia, isleño de nacimiento. Como ven, con el talante no se va a ningún lado. Lo que funciona es la mala leche.