La llegada de Evo

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

ESTABA ESCRITO que Evo Morales llegaría al poder en Bolivia, a pesar de que muchos desechaban esta posibilidad hace tan sólo unos meses. Y estaba escrito porque él mismo se encargó, con sus continuas movilizaciones de masas, de que ningún otro dirigente pudiese permanecer en la presidencia. En marzo pasado escribí en este diario: «Evo Morales se ve, cada día más, como el Hugo Chávez de Bolivia, para lo cual necesita imperiosamente que la ingobernabilidad se extienda y el pueblo reclame su presencia». Era un vaticinio fácil, y acaba de cumplirse. Evo Morales se ha alzado con un triunfo electoral sin precedentes en su país. Estaba escrito que tenía que suceder. Pero la política no concluye cuando un dirigente llega al poder. Por el contrario, en ese momento empieza el duro contraste de sus promesas con la realidad. Una dura prueba, porque, como bien dijo el presidente estadounidense Thomas Jefferson, «nadie abandona el cargo de presidente con el mismo prestigio y respeto con que llegó a él». El presidente electo Evo Morales está en el punto de partida, en la parte alta del tobogán. Pero no está solo. Lo acompañan, con sus exigencias y ultimatos, todos aquéllos a los que él calentó la cabeza -a veces, muy irresponsablemente- en los últimos tiempos. Me refiero a sus compañeros de Movimiento al Socialismo (MAS), a los militantes de la Central Obrera Boliviana (COB) y a los miembros de las agrupaciones sociales que le prestaron su apoyo. Todos han manifestado ya la urgencia de los cambios y les han puesto plazos. Evo Morales, el que encabezaba y englobaba todas esas exigencias -y las utilizaba como un ariete-, se ha convertido ahora en el hombre al que se le exige. Impidió que otros gobernasen y paralizó el país. Quería llegar al poder, y llegó. Ahora tiene que contentar a muchos si quiere mantenerse al frente de la nación. Bolivia es un país pobre y complicado, y los relevos en el poder se han producido con sobresaltos y precipitación. ¿Durará mucho Evo Morales? La palabra la tiene él, pero también los suyos -de cuya comprensión necesita- y una oposición que ya apuesta por su total fracaso a corto plazo. Su ídolo es Hugo Chávez y esto nos habla de lo que viene.