IRURETA entrenaba al Celta. Vibraba con sus éxitos, lo daba todo por el club, le enamorabaVigo... hasta que el Deportivo le pagó más y cambió de bando. No es el único caso: Ronaldo era el icono del Barça y se fugó al Madrid, como Figo. Vicente Celeiro salvó al Dépor en su fase pupas, fue su modesto emblema... y acto seguido se pasó al Celta. Djorovic o el Flaco Gil trabajaron sin problemas para Celta y Deportivo. El fútbol profesional es un negocio (casi siempre ruinoso, menos para los jugadores). Los ídolos por los que nos desgañitamos se van de copas después de encajar una chosca, mientras nosotros nos sumimos en la depresión. Hoy, en el derbi gallego de Balaídos, sólo habrá un paisano nuestro entre los 22 titulares (Oubiña), pero jugarán cuatro argentinos. Galicia no se merece que la policía nos tenga que enjaular en los estadios porque somos incapaces de ver como personas y como gallegos algo tan divertido, pero en realidad tan banal, como un Celta-Dépor. Vigueses y coruñeses valemos más que un simple partido de fútbol.