El cuadrado rojo

ALFONSO DE LA VEGA

OPINIÓN

11 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

LA CÉLEBRE cruz roja se transforma en un cuadrado rojo sobre un vértice. Ha pasado casi un siglo y medio desde que Henry Dunant presenciara la batalla de Solferino y el contacto con el horror y el sufrimiento de la guerra provocara una radical toma de conciencia. En su libro Recuerdo de Solferino se pregunta por la viabilidad de crear una organización de gentes que pudieran atender y cuidar a los heridos. Su propuesta tiene respuesta, y provocaría que junto a Moyner, Dufour, Appie y Maunoir el 17 de febrero de 1863 se formara el comité que daría lugar a la Cruz Roja. Se resuelve que es preciso que los miembros dispongan de un distintivo o símbolo que posibilite su acción humanitaria. Se adopta la cruz. Símbolo antiquísimo anterior al cristianismo, ya empleado por pueblos prehistóricos. Y que posee también diversos significados además de la representación del horrible instrumento de tortura en que padeció el Salvador. Castelao estudió las cruces celtas en un famoso ensayo. El símbolo de la cruz también tiene un componente iniciático, místico, del hombre dual, crucificado en la materia pero con un alma que anhela abrirse a la espiritualidad como un capullo de rosa a la luz. Un dos que origina el tres. Símbolo de la perduración de la vida en el cosmos y por tanto de esperanza, incluso contra toda esperanza, como diría Bernanos. Pero quizás olvidando esa universalidad simbólica se ha decidido hacerlo más políticamente correcto. Y se ha adoptado un cuadrado inclinado. Que recuerda más o menos remotamente otra conocida composición simbólica: la asociación del compás del espíritu sobre la escuadra de la materia, emblema de la orden masónica. Pero en el centro no está la G del espíritu o la divinidad en la conciencia del hombre realizado. Sino el vacío. Deseamos que no sea el del corazón y que en ese vacío quepamos todos.