TÚ eres un crío y te pasas la semana sin ver a tus padres. Ellos trabajan y no pueden estar contigo. La familia se diluye. Lo que haces es jugar a los videojuegos, donde ganas si eres el que da más palizas. O ves la tele, donde aprendes que triunfan los que insultan. En los colegios están hartos de educar a chavales que pasan. El azar, como en todo, interviene. De los de las palizas de Valencia, seguro que algunos tenían miedo, aunque los pedagogos suelen decir que los macarras se juntan con macarras y que el niño bueno busca amigos buenos. No sé. Y está la primera infancia. En el campo dicen que al árbol que no se endereza al empezar a crecer, luego no hay quién lo ponga recto. Los niños se han convertido en dioses que esclavizan a los mayores. A un amigo, su padre le pegó dos veces, de chaval. Una por insultar a su madre y otra por robar. En las dos le hizo un favor con las bofetadas, en vez de las palmaditas en la espalda que les damos hoy. Pobrecitos, no saben lo que hacen. Somos demasiados permisivos. ¿Qué hace un chaval de trece años a las cinco y media de la mañana en un coche, de copas? Para crecer, como en cualquier cosa, se necesitan límites. O llegarán las lágrimas que lo ciegan todo. cesar.casal@lavoz.es