Arquitectos ignorados

ARANTZA ARÓSTEGUI

OPINIÓN

EL ÚLTIMO DOMINGO de noviembre, la sección de Cultura abría con una doble página (56 y 57) con motivo de la rehabilitación del Teatro Jofre, de Ferrol.

10 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Ramón Loureiro, periodista de la delegación de esta ciudad, dedica la segunda plana a una crónica sobre el Teatro Jofre, «un edificio irrepetible», y la primera, que titula «La rehabilitación de teatros centenarios pone en valor la arquitectura gallega», explicita en el antetítulo que «Las viejas salas, recuperadas para el siglo XXI, son espacios culturales dotados de una especial singularidad». Esta página va ilustrada por seis fotografías, que corresponden al Centro Cultural Caixanova (el antiguo Teatro García Barbón), de Vigo; el Teatro Rosalía, de A Coruña; el Teatro Principal, de Santiago; el Teatro da Beneficiencia, de Ortigueira; el Teatro Pastor Díaz, de Viveiro; y el Teatro Principal, de Pontevedra. Sin nombres A propósito de esta información, Alberto Unsain González de Suso, presidente de la Delegación del Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia (COAG) en A Coruña, nos ha enviado un correo en el que nos transmite «la sorpresa de muchos compañeros al comprobar que en el citado reportaje no aparece ni uno solo de los nombres de los arquitectos, de cuya imaginación nacieron o renacieron todos esos teatros, a excepción de Rafael Baltar». «Al igual que detrás de la elaboración de esa información o de las imágenes que la conforman -continúa Unsain- hay profesionales del periodismo y la fotografía, con nombres y apellidos, detrás de cada uno de esos teatros hay arquitectos, algunos de la talla de Antonio Palacios (Teatro García Barbón), Faustino Domínguez Coumes-Gay (Jofre, en Ferrol, y Rosalía de Castro, en A Coruña), Manuel Amado y Bayo (Teatro Principal compostelano) o Felipe Bouzas Trelles y Justino Flores Llamas, en el de Pontevedra. Por no hablar de los autores de las rehabilitaciones de todos estos espacios interpretativos: Rodolfo Ucha Piñeiro, que rehabilitó en 1921 el Jofre, ahora de nuevo recuperado por el equipo del fallecido Rafael Baltar; Carlos Almuíña y José Antonio Bartolomé, quienes también rehabilitaron el Principal, de Santiago; la intervención de Desiderio Pernas en la recuperación del García Barbón, en 1984; la de Manuel Gallego Jorreto, en 1985, en el Rosalía coruñés, o la rehabilitación realizada por Raúl Freire y José Ramón Miyar, en 1996, en el Teatro Principal, de Pontevedra». Espacio limitado Ramón Loureiro, a quien traslado la carta de Alberto Unsain, se disculpa: «Si, si, desde logo... Ten toda a razón o presidente da delegación coruñesa do COAG ao reivindicar a presenza do nome dos arquitectos cando se fala de edificios tan emblemáticos. A única razón de que non aparecesen na reportaxe é que, por evidentes razóns de espazo, ao pé da fotografía de cada un dos inmobles só aparecía unha brevísima ficha coas características principais de cada un deles. E ademais centrada en aspectos coma o seu aforo, as dimensións do escenario, etcétera, e as actividades que adoitan acoller». «Nada máis lonxe da miña intención que obviar o que de autoría hai en todo edificio. Ao contrario. E direille máis -continúa Ramón Loureiro-, incluso no caso da crónica sobre a rehabilitación do Jofre, se lle prestei unha especial atención á figura do desaparecido e recordado Rafael Baltar, foi porque a miña intención era renderlle unha modesta homenaxe persoal precisamente a el: a un arquitecto extraordinario, que deixou no teatro de Ferrol, para sempre, a súa pegada. Por exemplo, ao abrir ao mar, cunha fermosísima galería, a fachada sur, que era unha parede cega ata que el decidiu transformala. Pero gustaríame, claro que me tería gustado, ter recordado alí tamén a todos cantos colaboraron con Baltar no seu traballo. E lembrar a Rodolfo Ucha Piñeiro, o autor da fachada actual. E a Marcelino Sors Martínez, autor dos primeiros planos. E ao mestre de obras Manuel Riva de Soto, que tamén tivo na historia do edificio un papel moi importante...» «Desgrazadamente -aínda que iso non sexa escusa ningunha, eu as críticas agradézoas moito sempre- o espazo, na prensa escrita, é sempre limitado», remata Loureiro. No es la primera vez que esta sección se hace eco de las quejas de los arquitectos, que se sienten injustamente tratados cuando sus nombres son omitidos en las informaciones. De ello me ocupé el 30 de noviembre del 2003 y si vuelvo a insistir en el tema es porque persistimos en la falta que entonces nos recriminaron. Prometimos enmendar este descuido pero, a lo que se ve, reincidimos en nuestra actitud. Es curioso constatar cómo cuando citamos una obra de literatura, pintura, música, cine... es raro que omitamos el nombre de su autor. Sin embargo, no ocurre lo mismo cuando se trata de arquitectura. Renovamos nuestro propósito de la enmienda de hace dos años, porque hacer mención expresa del nombre de los arquitectos es parte de la información, que quedará incompleta sin este dato.