UNO tiene la impresión de que el PSOE echó a rodar hace años esa rueda de su O de obrero, y con la azarosa circulación se le ha pinchado mil veces y está poco menos que inservible. Entre eso, y los meandros de la S por los vericuetos del nacionalismo, el partido que lidera Zapatero seguirá siendo una gran máquina de poder, a lo mejor incluso un conglomerado ideológico variopinto. Pero en expresión de uno de sus más lúcidos dirigentes, terminarán por dejarle que no le conocerá ni la madre que le parió. La penúltima -porque esa es otra: salimos a sorpresa diaria- es la ampliación de los permisos por paternidad, las reducciones de jornadas en determinados supuestos, la sustitución de las horas de lactancia por varias semanas de libranza a los funcionarios... La concesión no se ha hecho a un sector desfavorecido de la sociedad española, sino al único que en este momento tiene garantizado el puesto de trabajo de por vida, en el reino de la precariedad laboral, también llamado España. Con precedentes como aquella gracia del ministro Moscoso, de quien toman el nombre los días concedidos como de libre disposición. O sea, unas segundas vacaciones, en una España que entonces y ahora acoge a miles de familias que no tienen medios siquiera para descansar una semana al año. Esas mejoras terminarán por ser conocidas por las sevillanas, en honor a su promotor el ministro Jordi Sevilla. Todo esto cuando estudian retirarle la pensión a algunas viudas. Entre el tirón hacia la asimetría del tripartito catalán y medidas como ésta, irrepetibles para el conjunto de los ciudadanos porque no parece que lo aguante nuestra economía, aquí va a ser más fácil coincidir en el ADN con un español de las antípodas geográficas o profesionales que en los derechos reconocidos. Nos alejamos día a día de la igualdad, pero nos quedan la fraternidad para felicitar a los privilegiados y la libertad para recordarle al Gobierno Zapatero que cada vez se parece menos al retrato que un día hizo de sí mismo.