06 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.
El adiós. José Cuíña tiró ayer la toalla. Una despedida anunciada desde que los compromisarios de Pontevedra le dieran la espalda. Las bases del PP han considerado que el futuro y la renovación del partido no podían venir de quien fue báculo de Fraga durante más de diez años. El poso. Lo que quedará como el legado político de Cuíña es la idea de galleguizar el PP hasta convertirlo en una suerte de partido regionalista, capaz de pescar en las aguas del nacionalismo moderado. Feijoo y Barreiro deberán seguir por ahí. Otro tiempo. Cuíña tenía sus lastres. Se vio enredado en asuntos polémicos, como el que le costó la dimisión, y había sufrido un percance médico serio. Le tocaba dar el relevo.