Demasiado Franco

| CARLOS G. REIGOSA |

OPINIÓN

05 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

FUE UNA dosis excesiva la del pasado fin de semana. La imagen de Franco aparecía por todas partes, sin que uno acabase por entender esa fruición recordatoria. El sábado, TVE-1 nos ofreció uno de sus informes semanales dedicado al Valle de los Caídos, transmitiéndonos, de paso, algo así como la angustiosa urgencia de saber qué hacer con semejante monumento. Menos mal que historiadores a veces sensatos, como Santos Juliá, no se manifestaron partidarios de empezar a mover muertos. Algo es algo. Un poco después, el mismo sábado, me tropecé con otro documental sobre el franquismo en Canal Satélite Digital. Se trataba de una producción estadounidense dirigida por Alan Landsburg en 1963, llena de tópicos y anécdotas improbables, y en la que se nos presentaba al franquismo autárquico como un «enemigo declarado del capitalismo». Vaya por Dios. Otra vez pude comprobar que hay algo patético en esos hispanistas que no se cansan de admirarnos en el apogeo de nuestras desgracias. Quizá por ello todavía me preocupo cuando alguno de ellos -todos entrañables, por otra parte- me preguntan cómo va España. Me echo a temblar, temeroso de un desvarío nacional. (Por supuesto, Landsburg también nos mostraba el Valle de los Caídos y nos presentaba con el mismo entusiasmo la crueldad de Franco y los 150 metros de alto de la cruz). Por fin el domingo, La 2 de TVE nos ofreció el excelente documento titulado Ridruejo: la forja de un demócrata , a cargo de mi buen colega y amigo Jorge Martínez Reverte, y sorprendentemente emitido de diez a once de la noche. Y otra vez me encontré con Franco presidiendo toda la biografía de un hombre valeroso y un intelectual honrado, falangista de pro hasta 1942 y persona indoblegable hasta su muerte, poco antes de la del general. Franco como obsesión , podría titularse lo nuestro. Porque a todo ello se suman las mesas de novedades atiborradas de libros sobre la Guerra Civil y el franquismo. ¿Por qué ocurre esto? El historiador alemán Hartmut Heine me dio una respuesta mientras escribía este artículo: «Los nietos se interesan por lo de los abuelos más que los padres. También pasa en Alemania, aunque menos». ¿Se trata sólo de esto?