AHORA que ya nos hemos acostumbrado a que cada mañana unos intenten partirle la cara a los otros porque se les ocurrió estornudar y los otros a los unos porque los miraron mal, se agradecen de forma especial los gestos de cortesía. Los valoramos sobremanera, más que nada por infrecuentes. Porque aquí lo que impera es la descalificación, la ingratitud, la amenaza, el tú me has dicho y el me has obligado a decir y a hacer. Nunca los buenos modales. Por eso, comportamientos como el que acaba de mostrar en Vigo el conselleiro Suárez Canal parece como si correspondiesen a otro tiempo e incluso a otro país. Porque no es lo habitual que un cargo público ceda su protagonismo, si además lo hace a su adversario. Más bien al contrario, vemos cómo continuamente y con toda naturalidad se apropian de gestiones que no son suyas. Verán. La Voz de Galicia premió con una de sus Voces del año al Servicio Contraincendios de la Xunta por el trabajo desarrollado en el último y difícil verano. Cuando el PP gobernaba esta tierra. El conselleiro Suárez Canal recogió el galardón, como le correspondía, pero sin adueñarse de los méritos. Al contrario. No sólo dejó claro que quienes se habían hecho merecedores de él pertenecían a otro equipo, sino que quiso que compartiesen el acto responsables ya cesados. No debería llamarnos la atención el proceder del conselleiro si no fuera porque resulta excepcional. No recordamos, en los tiempos recientes, que nadie haya echado la vista atrás para reconocer y agradecer lo realizado por su antecesor y adversario político. Lo que se estila es la crítica, la bronca, la desautorización y la ofensa. Jamás el reconocimiento. Alguien escribió que la satisfacción de encontrar un solo agradecido compensa amarguras de muchas ingratitudes. Sobre todo en estos tiempos, debió añadir.