SOSTIENE Asplund, director de la asociación de inventores de Suecia y gurú invitado a diagnosticar el futuro empresarial gallego, que «Galicia es el secreto mejor guardado de Europa». Él lo ha descubierto gracias a la regata de la firma Volvo que partió de Vigo para navegar la mar océana. Esquema inverso a las rutas seguidas por los descubridores clásicos. El cuento cambió tanto que ahora la tierra ignota está en los puertos de salida. Matizando, yo pienso que Galicia no es un secreto guardado, simplemente escondido como todos los secretos que se precien. Un secreto a trasmano, al borde del fin del mundo conocido, conectado con Europa por una autopista milenaria y cultural, por un camino de estrellas que trajo a millones de peregrinos buscando el secreto de la santidad que se encierra en una cripta compostelana. Yo no sé cómo el sabio gurú sueco no se encontró en una calle de Estocolmo con un paisano nuestro con denominación de origen que le contara historias antiguas del país del norte que suenan como nuevas. En la calle más comercial de la capital sueca, justo en la esquina de los grandes almacenes P&K, un gaiteiro interpreta la melancolía galaica para uso y disfrute de la ciudadanía sueca. Lleva allí muchos años. Debo decirle al gurú escandinavo que la mayor parte de los gallegos padecemos el síndrome de Estocolmo y somos víctimas de un secuestro colectivo de nuestra identidad que nos hace cómplices de quienes desde hace muchas décadas nos han escondido en este bello y grandioso zulo. Nunca hemos tenido vocación de isla ni pertenecimos al archipiélago portugués de balsas de piedra y saramagos ingeniosos. Estuvimos algún tiempo, eso sí, a la deriva, pero ya encontramos la aguja de marear que apunta al norte. Somos un secreto desvelado, un acertijo con solución, un juego de palabras feito en Galicia . Sabemos que Treviso está en Arteixo, y que Benetton es la prehistoria de Zara, una suerte de Homo antecessor pero en lectura industrial. Sabemos que nuestra fe no es la marca registrada de una compañía eléctrica con domicilio fiscal en Madrid que siempre recitó mal el rosaliano «adiós ríos, adiós fontes» y que la invisibilidad de Galicia es una más de las leyendas urbanas que nos llenan de bosques animados y santas compañas para consumo interno. El secreto mejor guardado somos los gallegos. Herméticos por discreción y callados por tradición. Pero estamos balbuceando los primeros gritos, deletreando frases de autoestima y exigencia, y ya aprendimos a decir «nunca máis» con autentico copyright de made in Galicia sin pagar royalties ni pedir permiso. Ya no hay secretos, amigo gurú, el mundo se nos ha quedado pequeño mírese como se mire. Valió la pena la regata.