EN SÓLO 48 horas, la canciller Angela Merkel ha inaugurado una etapa que se adivina regida por la prudencia y el pragmatismo. No ha revolucionado nada -tampoco podría hacerlo-, pero sí ha puesto los puntos sobre las íes. Nada más estrenarse en el cargo, ha viajado a París, Bruselas y Londres para escenificar sus prioridades en política internacional. Y lo ha hecho. En París dejó clara la importancia que le concede al eje franco-alemán en la construcción europea, pero prefirió circunscribirlo a «una relación profunda y amistosa», muy necesaria y útil para Europa, pero que no excluye otras vinculaciones. En Bruselas, con sus visitas a los presidentes del Parlamento y de la Comisión Europea, manifestó su clara vocación de locomotora europea, tanto en asuntos presupuestarios como constitucionales. En su visita a la sede de la OTAN subrayó la relevancia de la alianza militar y política, «que es importante para nosotros como foro internacional», y puso fin a las veleidades antiamericanas de su predecesor, Schröder, al señalar que las relaciones con Estados Unidos pueden «desarrollarse más», garantizando que «haremos frente a los compromisos y seremos un socio fiable». El jueves estuvo en Londres y de nuevo se manifestó prudente y pragmática. Dejó claro que la relación con Francia es muy importante para el desarrollo de Europa, pero rechazó que fuese excluyente o contraria al Reino Unido. En este sentido, Merkel subrayó la necesidad de atender a los intereses de todos los países de la UE, como única forma de restaurar la voluntad de avanzar juntos. Los halagos de Tony Blair -como antes los de Jacques Chirac- no consiguieron que fuese más explícita, ni a favor de la política agraria común (PAC) que defiende Francia ni en contra del cheque británico, en torno al cual se ha enrocado el primer ministro británico. En síntesis, Merkel no va a romper el eje franco-alemán (como desea Blair), pero sí va a compartir algunas propuestas liberales británicas. No es de descartar que estemos en el principio de una tercera vía (distinta de la de Blair) que combina las aspiraciones de fortaleza económica con la defensa del modelo social europeo. El tiempo dirá.