El poder deslumbra

OPINIÓN

NO NOS FALLES. Estos gritos se escucharon la noche de marzo cuando Zapatero compareció tras ganar las elecciones generales. Escuché a Blanco, en directo por Radio Nacional, explicar la encuesta del CIS que señala pérdida de confianza del Gobierno socialista. Pronunció palabras que me recordó al PP más encastillado en sus razones egocéntricas y alejadas de la realidad cotidiana del paisanaje. «Estoy razonablemente satisfecho...». A partir de ahí, se dedicó a señalar cuál era la situación del PP, sus dirigentes y sus actitudes. Era aquello tan español de: «No me importa quedarme ciego si mi contrincante se queda tuerto». Lo curioso es que las gentes se preocupan por lo obvio. La cuestión no son los estatutos. Es si el poder público resuelve los problemas del público. Si se accede al derecho constitucional de la vivienda. Si las esperas de la sanidad se acortan. Si la Justicia resuelve con celeridad. Si la educación evita el fracaso escolar y moldea ciudadanos respetuosos con los derechos humanos y capaces de competir por un empleo. Si el trabajo llega a convertirse en salario digno y estable para vivir. Si ponemos lo necesario para evitar que la inmigración nos juegue una mala pasada como en Francia. La cuestión no es si Iglesia y derecha se han juramentado en una cruzada reaccionaria para impedir cualquier reforma. Incluso, si la derecha de corbata y abrigo de pieles trata de hacerse con la calle, que antes señalaban despectivamente como lugar del obrero descontento. El socialismo español está en la encrucijada de perder la emoción y la ilusión que produjo tras los engaños y la prepotencia de Aznar. Las reformas prometidas se han centrado en dar a Cataluña lo que piden quienes necesitan el poder de la Generalitat a costa de alterar contra natura el panorama sociopolítico, que debería dedicarse a mitigar desigualdades y desequilibrios que impactan en el ejercicio real de la ciudadanía. La encuesta del CIS no es perfecta. Pero no puede interpretarse como falta de capacidad de los encuestados para comprender la acción de gobierno. Si los españoles fueran tan simples, nunca habría tenido lugar el 14-M. El cambio debe ser proximidad al ciudadano, antes que a los intereses partidarios. Si se mira al astro rey, hay deslumbramiento; pero si la visión celestial se mantiene, y tal como nos advirtieron en el último eclipse, habrá ceguera.