IRÁN SIGUE haciendo titulares en la prensa mundial. En los últimos meses ha habido un goteo llamativo de noticias sobre su alegada búsqueda del arma nuclear, lo que inquieta no sólo a sus vecinos sino a Estados Unidos y a la comunidad internacional. Teherán lo niega fervientemente, sólo quiere, replica, utilizar energía nuclear para usos civiles. Como le han pillado en varios renuncios, la cuestión podría ir al Consejo de Seguridad de la ONU. Ahora, se trata de algo mucho más grave. Hace días, el flamante presidente iraní, M. Ahmadinejab, se despachó diciendo que «Israel debe ser borrado del mapa». Proferir una afirmación de este tipo contra otro miembro de la comunidad internacional es un auténtico aldabonazo. Varios países llamaron a su embajador en Irán a consulta, la prensa mundial se desató y, como era inevitable, los órganos de información que venían desconfiando de las autoridades iraníes han cuestionado la credibilidad en el tema nuclear de un país que por boca de su presidente se permite articular una blasfemia como pedir quitar de en medio a un miembro de la ONU. Algo que los palestinos y la mayoría de los países árabes dejaron de manifestar hace tiempo. El carismático Nasser pronunció algo parecido, pero fue hace décadas y el día antes de declarar la guerra a Israel. Otro tiempo y otra circunstancia. No ha habido retractación. Al contrario, la prensa iraní ha dado razones, bastante peregrinas, para justificar la insólita frase de su presidente. El periódico Resalat , por ejemplo, avanza dos : la imprecación ya había sido formulada por Jomeini y el actual presidente la hizo en el día fijado para las manifestaciones contra el sionismo. ¿No quería usted lógica? Si lo dijo Jomeini y es el día contra Israel, ¿qué menos que pedir la aniquilación de esa nación? De ahí que el editorialista llame a la ofendida reacción occidental «hipócrita y estúpida». Otro periódico , el J ombury-ye Islami, no es menos lapidario: Israel es un Estado ilegítimo que ha sobrevivido gracias al apoyo de los Estados Unidos. Un Estado tan «flagrantemente ilegal no tiene otro destino que la aniquilación». El articulista olvida que Israel fue creado no por los Estados Unidos sino por la ONU en una rotunda votación de la Asamblea General, pero eso son minucias. El Teheran Times es más moderado, discurre que no se trata de aniquilar fisicamente a todos los judíos sino de «una confrontación no violenta con las corrientes de pensamiento sionistas», y remacha que los occidentales saben esto perfectamente y magnifican las manifestaciones del presidente con fines espúreos. Es posible que el exabrupto de Ahmadinejab sea utilizado por sus adversarios para fines diversos, pero cabe argumentar que si no hubiese lanzado una petición tan bárbara no habría motivo para ninguna utilización torticera de ningún tipo. Estas veleidades sobre el mero derecho de Israel a la existencia no son nuevas. Hace años, el más moderado líder iraní Rafsanjani decía que en un enfrentamiento Irán podría resistir un segundo ataque, pero que de Israel no quedaría mucho después del lanzamiento de una primera bomba nuclear. La retórica es ahora más inflamatoria. El actual presidente ha declarado también que un mundo sin Estados Unidos y sin Israel no sólo es probable sino factible. No es fácil escarbar en los motivos de la diatriba del presidente iraní. Ahora, Estados Unidos, que había incluido a Irán en el Eje del mal , tiene más claro que puede presentar a ese país como una amenaza internacional a la que hay que hincarle el diente. Tony Blair ya ha dado a entender que hay que ocuparse seriamente del tema. ¿Quiere Teherán mostrar a Estados Unidos que hay que contar con él? Parece una manera un tanto tosca de hacerlo, a no ser que razone que Washington, enfrascado en Irak, no tiene en los próximos años tiempo y ánimo para abrirse otro incómodo frente. ¿Hay razones de política interna? ¿La búsqueda del arma nuclear por la chií Teherán va dirigida contra el suní Pakistán, que ya la posee? Los interrogantes son numerosos. La COA, no feliz en los pronósticos últimamente, estima que Teherán no tendrá el arma nuclear hasta dentro de unos cinco años y cree que la persigue. Parece, en efecto, dudoso que un régimen fundamentalista, con una historia hegemónica, y viendo a varios de sus vecinos armados nuclearmente, renuncie bucólicamente a dotarse de ese arma.