¿España va mal?

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

A LA GENTE del PSOE siempre le pasa lo mismo. Están tan encantados de haberse conocido y desarrollan tan portentosa habilidad para explicarle al pueblo en qué consiste la democracia y qué cosas le interesan a la propia gente ( poliarquía ilustrada , podríamos decir), que no nos dan tiempo para avisarlos de que, en el tablado sinuoso sobre el que ejecutan sus Danzas polovtzianas del gobernador confiado hay una monda de plátano. La sensación de que el batacazo puede llegar en el momento menos esperado nos tiene tensionados, y por eso nos preguntamos cuál será el Plan B de José Blanco si la maraña de conflictos los obliga al toque de retirada. En las encuestas de estos días se percibe con toda claridad la primera deserción significativa entre los electorados progresistas que derrotaron a Aznar. A favor de Rajoy se mantiene un grupo muy compacto, organizado y estable, que, después de algunos momentos de marasmo, empieza a creer que donde las dan las toman. Y en apoyo de Zapatero funciona una coalición muy compleja, impregnada de competiciones subyacentes, que no supo medir las consecuencias del oportunismo territorial y nacionalista que la aglutina. La consecuencia es que, mientras al PP sólo puede verse afectado por los votos conservadores que quieran incorporarse a la revolución federal asimétrica, a Zapatero se le puede escurrir el poder por todas partes, ya sea por pérdida de votantes, ya sea por la redistribución de pesos en el seno de la coalición gobernante. Cuando las cosas se ponen así, lo prudente es analizar el terreno y amoldarse a él. Y, en vez de utilizar las soflamas propias de una mayoría absoluta (nueva Constitución, nuevos Estatutos, nueva educación, alianza de civilizaciones y bodas a la carta), aceptar la humilde retórica de las minorías sietemesinas (gestión eficiente, estabilidad laboral, concluir el Ave a Barcelona y la terminal de Barajas, y distribución social y territorial del bienestar), y seguir adornando España con los confetis que guardaba Aznar en la Moncloa (Ave Bilbao-Ferrol y Vigo-Oporto, y algún trenecito que una a los vascos con los levantinos). Pero Zapatero es puño de hierro en guante de seda. Y, en vez de arredrarse, tomó la lanza e inició el camino inverso al de la gente corriente: empantanar la gestión en un galimatías de tirones y revisiones incontables, y acelerar al límite la refundación del Estado. Esa es la razón por la que, yendo todo bastante bien, los españoles empezamos a creer que todo es un desastre. Y por eso me propongo analizar esta crisis virtual en cinco artículos de perspectiva distinta: mundial, europea, estatal y autonómica. El último, naturalmente, versará sobre mi calle.