De violencias antiguas

| JUAN J. MORALEJO |

OPINIÓN

COPIO palabras de Jordi Pujol: «El castellano no es ya una lengua artificial en Cataluña, y si bien su presencia es en parte resultado de una violencia antigua¿ hoy constituye la lengua primera y natural de muchos catalanes». A esta magnífica cita la acompañan con no menos enjundia otras verdades como puños sobre el protagonismo de la lengua catalana en perspectiva histórica y en su uso actual por una mayoría de la población. Con lo que expone Pujol y decisión y buena fe para ponerlo en práctica política, legal, reglamentaria y social, el conflicto lingüístico no dejará de ser conflicto, pero podrá encajarse en la normalidad entre gente normal. Nótese que a la práctica política y legal añadí la reglamentaria en recuerdo nada emocionado al zorro aquel que te dejaba hacer la ley, pero él se reservaba el reglamento, que es donde se fijan baremos, puntos, discriminaciones dicen que «positivas» y otras mañas y artimañas para la parte del león. Y vamos con lo de «su presencia es en parte resultado de una violencia antigua». Donde dice en parte puede decir en todo. El proceso de expansión de la lengua castellana tiene episodios de violencia, desde la política, legal y reglamentaria a incluso la física entre personas y entre grupos. Sin duda hubo adhesiones voluntarias y hasta desinteresadas a la lengua castellana, pero lo sustancial de la expansión de la lengua castellana es que nunca fue para repartir estampitas o entradas para el cine. Bueno, podríamos seguir dando gusto a unos y disgusto a otros con la lengua castellana, pero es mejor disgustar a todos con que la expansión de cualquier lengua es un proceso de violencias antiguas, medias, modernas y contemporáneas. Lengua castellana, portuguesa, francesa, inglesa, alemana, rusa¿ y catalana. Y paro el censo, pero quede claro que estamos en terreno en el que puros, puros, los de La Habana, y fieles, fieles, los difuntos. Por toda la costa mediterránea peninsular se hablaba la lengua ibérica (y tal vez otras), pero llegó el romano Escipión con su primera violencia, la latina que, en evolución de rigurosa continuidad, es lengua catalana. Pero con el moro Muza vino otra primera violencia a la que dieron caña Jaime I y otros conquistadores, autores de la primera violencia de la que resulta que hoy la lengua catalana llegue hasta Alicante y las Baleares e incluso una ciudad de Cerdeña. Si nos ponemos en la onda de ciertas gilipolleces al uso, en Alicante y en Baleares no tienen «lengua propia», tal como Maragall se la negaba a Andalucía. Tengo rollo para parar un tren, pero el folio es breve y baste con dejar apuntado que la lengua gallega es continuidad rigurosa de la primera violencia que dejó a los galaicos sin su «lengua propia», parece que céltica. Razones y sinrazones bien conocidas son causa de que, ya sin su retaguardia gallega, la lengua portuguesa compartiese «primeras violencias» con la castellana, la inglesa, la francesa¿ por los cinco continentes. Tal vez sigamos.