CÉSAR CASAL GONZÁLEZ
15 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.ES una gran película, todo un punto de partido que te deja con la lengua de fuera en la red. Pero es menos Woody Allen que en otras ocasiones. El Allen más próximo a Match Point es el de Delitos y faltas . No hay ni un juego de palabras. Adiós al ingenio de los malabarismos. Es una película clásica, pero más sobria. No es que Woody Allen tenga que hacer siempre comedia, pero una mente como la suya también podía haber utilizado el humor ácido, el que corroe el óxido de cada día, en una tragedia. La historia está muy bien contada. Sólo faltaría en alguien que lleva toda la vida en el oficio. Pero no están sus reflejos de tahúr en la distancia corta de los diálogos. Un poco más de foco en el guión. Aun así, del cine otoñal, es de lo mejor. Está el ambiente de Allen, NY fotocopiado en Londres (ambiente pijo, grandes pisos). Está la pajarita de maestro que hace al final. Están unos actores a la altura. Scarlett Johansson está como para morir en sus brazos. Pero la película no se hubiese emborronado por esos chispazos ácidos que Woody Allen subrayaba con rotulador en todos sus filmes: «El miedo es mi más fiel compañero, jamás me ha engañado para irse con otro». Cínico, cítrico, crítico. cesar.casal@lavoz.es