Nación

| JUAN J. MORALEJO |

OPINIÓN

¿ES GALICIA una Nación? Naturalmente que lo es, la duda ofende y la afirmación sobreabunda. ¿Y por qué lo es y para quiénes? Pues porque un número equis de gallegos desde hace equis tiempo han decidido que por equis factores Galicia es Nación con equis objetivos. Y están en su razón y en su derecho de tomar y mantener tal decisión, pero con la tarea siempre pendiente de despejar tantas equis, que serán cambiantes y podrán ir a más o perderse en sí mismas o en la indiferencia ajena. Primera fe de erratas: donde dice bien Galicia también puede y debe decir cualquier otra entidad de la que todos, muchos o algunos de sus miembros sientan que es Nación. La milonga del club cerrado de Naciones no es de recibo por la simplicísima razón de que al campo no se le ponen puertas. Además de estar abierto las veinticuatro horas del día el registro de los que se apunten a ser Nación, no hay baremo objetivo alguno para discutir credenciales en tema en que sentimiento, vivencia y voluntad son los únicos criterios y se los tasa libremente su propietario y nadie más. Y los menos autorizados para tasarlos serían: 1) el que pretendiese su primacía o su ventaja por ser Nación sobre otros que, en su repajolero antojo, no lo son; 2) el caso patológico que se reserva el monopolio de la Nación, que ya son ganas de reservar. La segunda fe de erratas es de mayor importancia, pues afecta a qué implicaciones de necesidad tiene en el juego político lo de ser Nación o no serlo, en concreto el objetivo de la independencia o la alternativa de (resignarse a) compartir Estado con otros que se sienten o no Naciones. Que Nación e independencia sean términos biunívocos es una opinión, un sentimiento, no es una necesidad, y el horno avisa bien de qué bollos admite o, al uso nuestro, el alcacén también avisa de si está o no está para gaitas. A lo mejor todas las altas retóricas del Estatut y los flamígeros cabreos de Rajoy son papel mojado al lado de la eficacia de una encuesta de desasosiegos y mosqueos entre empresarios catalanes. Porque a fin de cuentas te sigue operativo y tiene algo más que opinión y sentimiento aquel latinorio de ubi bene, ibi patria . Y la tercera fe de erratas es la de que la zapatería semántica no va a ningún lado. Horacio, que escribía de virguería, dejó dicho que lo natural siempre vuelve, por mucho que te empeñes en escorrentarlo. Una Nación es una Nación y no valen las flojeras de la comunidad nacional, la nacionalidad y demás circunloquios cuyos primeros descontentos tienen que ser, obviamente, los nacionalistas de su Nación. Lo que es Nación en sentimiento mayoritario de sus habitantes es Nación. Pero por serlo no tiene el menor derecho a ningún trato preferencial o discriminatorio sobre los que no se sienten nacionales de lo que les cae cerca. Esto es todo. Y no es poco.