LAS AGRESIVAS declaraciones del presidente Ahmadinejad incitando a la juventud iraní contra Israel han causado una honda preocupación en Occidente. Rápidamente europeos y norteamericanos han reaccionado condenando las declaraciones, mientras que Israel ha pedido la expulsión de Irán de la ONU. ¿Por qué Irán lanza ahora este reto a Occidente? Algunos indicios nos pueden aclarar la agresiva retórica -que no otra cosa- de líder iraní. En primer lugar, aparecen las dudas de la opinión pública norteamericana sobre el éxito de su misión en Irak, después de los 2.000 muertos. Ante esta muestra de debilidad y con los problemas que afectan al cambio de ayudantes en el Gobierno de Bush, la ocasión del contraataque iraní es la mejor forma de mostrar su apoyo a la lucha contra Israel. El resultado ha sido una reactivación de los atentados palestinos. En segundo plano se sitúa la guerra de Irak. Si el régimen iraquí llega a estabilizarse, aparecería en Oriente Medio una comunidad de ayatolás que no son revolucionarios e intentan vivir con un sistema pseudo democrático. En tercer lugar, en Oriente Medio existe una lucha por la hegemonía entre los diversos países islámicos. Irán, apoyado por China y Rusia, y con una inmensa capacidad económica procedente del petróleo, está dispuesto a jugar sus bazas. Finalmente, también pudiera ser que Irán quiera echar una mano a los graves problemas que se sitúan en el entorno de Siria-Líbano y trate de desviar la atención internacional, centrada en el complot del asesinato del ex presidente Hariri, que está al rojo vivo.