Gente sana

LUÍS VENTOSO

OPINIÓN

04 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

A PIRUCA le iba la vida sana. La alimentación correcta era su credo vital. Piruca mantenía una guerra abierta contra los triglicéridos, los edulcorantes, los pesticidas y la glucosa. ¿Café? Cero: desde hace años, sólo bebía «té verde antioxidante», cosechado a mano por un sherpa taoísta en las faldas bajas del Himalaya. Los tomates y las lechugas de sus delicadas ensaladas eran de escrupuloso cultivo ecológico. La leche se la traían en el Castromil, directamente desde el cortello de una ecovaca de Sigüeiro. Para combatir la amenaza de los radicales libres, Piruca se ventilaba cada día dos litros de una pestilente bebida de biosoja. El pescado de piscifactoría le repugnaba, pues su instructor de yoga le había advertido que demasiado salmón de bote provoca canas. La carne la detestaba y la suplía con bistés de tofu . El agua del grifo le daba mal rollo, y ya arrastraba escoliosis crónica en la columna, a fuerza de cargar garrafones de tres litros de Solán de Cabras. Adicta a las infusiones, no concebía acostarse sin tomar una taza de un brebaje de bioyogur, licor café y tila, ideado por su ex marido, un acupuntor checo que no superó el tofu y se dio a la fuga con la charcutera de un Gadis. Piruca fumaba tres paquetes al día de Marlboro. La liquidó un infarto en plena clase de Pilates.