LAS POSICIONES de Zapatero y Rajoy sobre el Estatuto de Cataluña han alcanzado tal grado de antagonismo, y la controversia tal nivel de crispación, que no parece aventurado suponer que ambos dirigentes han fiado su futuro político a la suerte que corra finalmente el proyecto estatutario catalán. El pasado miércoles en el Congreso, tanto el presidente del Gobierno como el líder de la oposición quemaron sus respectivas naves y, bloqueadas todas las vías de retirada, se disponen a librar un combate sin cuartel, al que uno de los dos no sobrevivirá políticamente. En efecto, si Rodríguez Zapatero logra fraguar un sólido pacto político entre el PSOE y las fuerzas políticas catalanas, que alumbre un texto razonable capaz de pasar el tamiz del Tribunal Constitucional, habrá conseguido desarbolar la nave popular y desmantelar por completo la estrategia de Mariano Rajoy. Si tal cosa ocurre, el Partido Popular pagará un alto precio por su estéril inmovilismo, correrá el grave riesgo de ser percibido como un obstáculo para el desarrollo constitucional y la concordia nacional, y su dramático aislamiento le impedirá aparecer como alternativa creíble de gobierno. En tales circunstancias, Rajoy debería hacer las maletas, tomar el primer avión con destino a la isla de Patmos y allí, como san Juan, reflexionar sobre el nuevo Apocalipsis que nos había anunciado. Ahora bien, si, por el contrario, Zapatero no consigue un acuerdo razonable con las fuerzas catalanas, entonces serán él y su partido los principales damnificados. En ese caso, no habrá Estatut, el distanciamiento político y emocional entre Cataluña y España alcanzará dimensiones hasta ahora desconocidas, la crisis del PSOE será profunda, los socios del Gobierno le retirarán su apoyo y el adelanto electoral -inevitable- se producirá en las peores condiciones imaginables para el presidente del Gobierno y para su partido. No correrá mejor suerte Zapatero si un hipotético acuerdo entre socialistas y catalanistas, aun logrando el necesario respaldo del Congreso y del Senado, no supera la prueba del Tribunal Constitucional, al que, evidentemente, recurrirá en su día el Partido Popular. La confrontación entre Zapatero y Rajoy sobre esta delicada cuestión ha llegado a tal extremo que parece muy probable que el Estatuto de Cataluña se lleve por delante a uno de los dos.