Como tiene que ser

OPINIÓN

HASTA EL DOMINGO por la noche, nueve de cada diez estaban convencidos de que el heredero iba a ser un niño. Unos porque se lo había contado ese amiguete que tienen y que conoce a una enfermera de la clínica donde se decidió el sexo de la heredera; otros porque tenían el pálpito, y otros porque se lo habían oído a otros más, y así sucesivamente. Pues fue que no. Y fue que no porque la monarquía debe estar con los tiempos y con la gente. Es su obligación y, además, de ello depende su supervivencia. Si don Juan Carlos se ganó el respeto de todos con aquello de «Tranquil Jordi, tranquil», don Felipe ha comenzado casándose con una Ortiz y reclamando la igualdad en la monarquía. Igualdad entre hombre y mujer, claro. No nos vayamos a equivocar.