Consuma productos catalanes

OPINIÓN

NADA podría dañar más las relaciones entre los ciudadanos de Cataluña con los del resto de España que hacer caso a esos miserables e incesantes mensajes que llegan a través del teléfono móvil incitando a sus receptores a no consumir productos catalanes a partir del próximo martes, como medida de fuerza contra el proyecto de nuevo Estatuto catalán que se debatirá en las Cortes Generales. Sería un inmenso error hacer caso a los estrategas de la tensión, a quienes quieren enfrentarnos otra vez a los españoles por culpa de un texto que se enmendará en donde reside la soberanía nacional y que en su actual redacción sólo interesa a la clase política catalana para mandar más, medrar más y dividir más. Procede hacer todo lo contrario. Nada de consumir menos productos catalanes, nada de beber menos cava, vestir menos textil o adquirir menos Seats . Hay que comprar más productos catalanes que nunca, incluso sin necesitarlos, y viajar a Cataluña estas Navidades, porque lo contrario es hacer el juego a esos mismos políticos que buscan el enfrentamiento entre españoles para construir su cantón desde el que gobernar su arcadia. Y esta estrategia contra los independentistas catalanes vale igual contra quienes pretenden lo mismo en Galicia y en el País Vasco. Consumamos también en el resto de España más productos gallegos y vascos, no sólo porque son magníficos sino, sobre todo, porque hay que demostrar a muchos políticos la valía y solidaridad de los ciudadanos españoles, vivan donde vivan y nazcan donde nazcan. Pasa lo mismo con la descarada provocación a los valencianos y a los baleares que organizó el sábado pasado el presidente del Barcelona, Joan Laporta, reivindicando en un manifiesto audiovisual en pleno terreno de juego del Nou Camp la libertad para la entelequia països catalans , con pancartas y mapa pancatalanista incluido. La maniobra de despiste del dirigente blaugrana para hacer olvidar a la afición culé la polémica sobre su redomada y contumaz mentira a los socios negando el pasado franquista de su cuñado y ya ex directivo, Alejandro Echevarría, debe tener pronta respuesta en los órganos del fútbol español. Entre los seguidores de los equipos señeros de esas tres comunidades autónomas y el resto de la ciudadanía sólo cabe el mayor de los desprecios hacia quien quiere utilizar la presidencia del club como trampolín para sus aspiraciones políticas. ¡Lo que nos faltaba, que los extremistas politicen el fútbol!