El volante, arma mortífera

GERARDO G. MARTÍN

OPINIÓN

25 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

PERE NAVARRO es, hoy por hoy, el director general de Tráfico que me ha merecido más crédito. Acaba de confesar que estudia prohibir a los noveles conducir de noche, siempre que tengan menos de un año de experiencia. Independientemente de los retoques que se puedan dar a la idea inicial, si finalmente prospera, el propósito en principio es concretar la prohibición entre las 23 y las 6 horas. Casi al propio tiempo que Navarro hizo esta consideración, en Lugo, el nuevo jefe provincial de Tráfico descubría que a las puertas de la capital se han detectado varios casos de vehículos que circulaban a 200 kilómetros por hora donde las señales marcaban 50. Tenemos muchas referencias semejantes. Estamos demasiado amarrados a aquel hermoso «prohibido prohibir» del 68. Las revoluciones, las más de las veces, sólo nos dejan frases, que en este caso yo recuerdo integrada en un hermosísimo poema de Carlos Oroza, el poeta gallego que no sé si llaman maldito porque vive feliz y a su aire, entre la penuria y la dignidad. Es probable que una medida restrictiva como la que anuncia Pere Navarro tenga muchos enemigos. Los demás no deberíamos permanecer en silencio. Cabe decir que las normas represoras en materia de circulación todavía son demasiado respetuosas con los locos que hacen del volante un arma mortífera para todos. Si por la noche tiene más dificultades cualquier conductor avezado, la conclusión es evidente: un novato tendrá, generalmente y salvo contadas excepciones, serios riesgos, que puede trasladar a otros. Lo demuestran los innumerables casos de muertes estúpidas de jóvenes gallegos en nuestras carreteras que La Voz recogía sistemáticamente en sus páginas el pasado verano. Aún habrá que dar muchas otras vueltas de tuerca, retrasar quizá la edad para habilitar permisos de conducción, ser más severos con los excesos de velocidad y con las carencias de seguro... Convertir por vía punitiva, si fuera necesario, en pobres desgraciados a los desgraciados de la carretera.