Alonso los trastorna

OPINIÓN

24 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

CADA VEZ parece más evidente que el héroe Fernando Alonso obnubila mentes otrora claras. Algunas muchachas faltan a sus obligaciones laborales para acudir a ver al joven chófer asturiano, hombres de edad se van al otro extremo del mundo enfundados en camisetas azules y locutores de televisión pierden la noción de lo que dicen. Así, hace unos días, el presentador de un telediario llevó a cabo el enésimo intento de rebautizar la plaza de la Escandalera, centro y símbolo de la ciudad de Oviedo, y ahora escenario de los baños de multitudes del campeón de la fórmula 1. El nombre Escandalera procede de una sonada protesta popular que allí se llevó a cabo el 27 de marzo de 1881, por un cambio en el trazado del enlace ferroviario con la Meseta. Que el AVE de entonces ya era fuente de conflictos, vamos. El nombre popular, que durante algún tiempo alternó con el de 27 de marzo, cuajó entre los vecinos de la ciudad, pero su falta de carácter oficial llevó en 1911 a las autoridades a intentar cambiarlo por el del general Ordóñez, africanista ovetense muerto aquel año en la guerra. El intento se materializó en 1924, pero poco duró, por el advenimiento de la República. Ahora, convertida la plaza en escenario de exaltaciones deportivas, cobra pleno sentido su nombre de Escandalera, aunque el presentador de un telediario la convierte en plaza de la Ensaladera, nombre más apropiado para el marco de una final de la Copa Davis. A un colega de ese periodista, la preocupación le brotó de forma espontánea en una reciente ocasión en que Alonso partía en un gran premio de un posición modesta: «Esperemos que se cumpla ese viejo refrán español de "los últimos serán los primeros"». La frase debe de ser muy apropiada para su empleo en estos contextos, pues la leemos en algunos periódicos, como el argentino Los Andes: «Los últimos serán los primeros, pensaron los directores de las escuderías Prost y Minardi». El «viejo refrán español» es una cita de Jesús, con la que concluye la parábola de los jornaleros de la viña, que nos ha transmitido el evangelista Mateo (20, 1-16): «Así, los últimos serán los primeros y los primeros serán los últimos». Amén. hablar.bien@lavoz.es