La Xunta tiene que hablar

OPINIÓN

23 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

DESDE que Fraga perdió el poder, todo el mundo parece empeñado en demostrar lo mal que gobernaba. Lo que antes eran silencios cómplices o fervorosas alabanzas, se tornan ahora enjundiosos informes y desgarradoras conclusiones. Y donde antes había expertos y gurús extasiados ante el líder providencial que no nos merecíamos, sólo queda una sorda competición en la que todos tratan de convencernos de que ellos ya lo sabían, y que, en el trasfondo inteligente de sus análisis subvencionados, ya era posible intuir las claves de la desfeita. Para saber de qué estamos hablando, basta con recordar que la semana pasada nos dejó dos informes demoledores. El primero, del Consello Económico y Social, reconocía que, mientras la Xunta insistía en que estábamos convergiendo con la economía española, estábamos divergiendo. Y el segundo, publicado por Caixanova como Atlas Socioeconómico de Galicia , venía a recordarnos que, después de tanta alharaca y tanto Xacobeo, no existe ningún municipio gallego -¡ninguno!- que pueda saltar el humilde listón de la renta media disponible para el conjunto de España. Claro que nada de eso es sorpresa para quien haya seguido la estadística del INE, los informes de La Caixa, las páginas de economía de este diario o las publicaciones de los grandes bancos. Pero todo debe ser estupor y zozobra para los que, sometidos a la marea de demagogia e información intervenida que nos cubrió durante quince años, empiezan a enterarse de que, en vez de ir directos al podio, somos el farolillo rojo. El problema se agudiza cuando escuchamos a los miembros del bipartito que, de una forma fragmentaria y poco documentada, nos hablan de derroches suntuarios, de gasto ineficiente, de contratos hechos con mentalidad localista y clientelar y de una programación de servicios repetitiva y descoordinada. O cuando el alcalde de Santiago, que tantas veces elogió la gestión de Fraga en su ciudad, descubre ahora, de repente, que la creación de suelo industrial realizada durante los últimos quince años en Compostela, A Coruña, Lugo, Pontevedra y Vigo, sumó la sorprendente cifra de «cero patatero». Por eso creo que la Xunta tiene que hacer un balance de situación (económica, social y de infraestructuras) bien fundamentado. Necesitamos saber en qué contexto nos enfrentamos a la pronta desaparición de los fondos europeos de cohesión. Y para eso sólo sirve la palabra de Pérez Touriño en el marco solemne de una sesión parlamentaria certificada por taquígrafos. Porque sólo así se puede dar el salto desde una región pasiva y tutelada a un país bien gobernado, en el que todos tenemos, también los ciudadanos, un compromiso personal y una tarea pendiente.